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últimos días





Desde que ví Las Vírgenes Suicidas, cuando un niño de 13 o 14 años se sienta frente a mí en el autobús, siempre me pregunto si ya se habrá enamorado alguna vez.

Tengo esto lleno de papeles. Voy a poner un poco de orden: lo dejaré todo encima de la cama que no uso. Un día los archivaré, un día.

Si tengo tiempo, hoy abriré mi maleta de cartas de los inviernos de los 11, 12, 13 y 14 años, y las leeré. Todas vivíamos en Barcelona, a menos de dos paradas de metro, pero nos escribíamos para recordar el verano y cuidarlo, para darle aliento y buscarle un lugar donde estar a salvo hasta el año siguiente. Jamás nos veíamos durante el invierno. Vivir en un barrio diferente era vivir en la otra punta del mundo.

Ayer hice caravana en la Ronda de Dalt. Yo iba escuchando la radio. Pensaba en los finales de etapa, en los últimos días que haces algo, en lo despegada que me siento de la facultad, en las ganas que tengo de perderla de vista...

Pasaron los camiones de la huelga. Avanzaban por el túnel tocando el claxon. Sentí miedo, qué tontería. Las bocinas rebotaban en las paredes y parecían venir de lejos. Eran fantasmagóricas.

Me voy a arreglar los papeles.


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