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Polluelos




A veces no salgo a tomar café. No es que no me guste el café, o no me guste la compañía, o no me guste el momento. El momento es buenísimo. Pero sí, a veces no salgo a tomar café. Me siento en la banqueta del piano y me quedo sola con mi desayuno. Lo saboreo, lo disfruto, la media hora se hace larga larga como un día extraño o de aeropuerto. No hablo, miro las paredes, la ventana. No echo de menos nada. Todos los que están conmigo, están. El silencio es darle el primer mordisco al bocadillo, las migas de pan que caen al suelo, sacudirse un poco el jersey. Eso es.

Carol siempre dice que todas mis cosas parecen polluelos por cómo las trato. A mí me hace mucha gracia, y la verdad es que a mi alrededor ya sólo veo polluelos en potencia, polluelos que desean volar.

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