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I Love Insomnio feliz





He vuelto para escribir un poco. Voy con una de esas braguitas que tenemos las dos iguales, las de tira fina de Haloween, y con una camiseta de esas que regalan por comprar ochocientos dan-ups de melón. El atuendo veraniego de estar por casa me fascina. Me estoy bebiendo una cerveza, una A.K Damm, la que nos ponen en nuestra pizzería preferida, la de las paredes blancas y persianas verdes, la de los mejores tagliatelli del mundo. Los tagliatelli divinos. No tengo sueño, pero es un insomnio feliz, de contenta que estoy por todo.

Acabo de escribirme un par de mensajes con Eva. Se me olvidó contarte que el estallido de amor por Eva durante mi verano de los doce casi trece años fue montada en la zodiac que bajaba mi padre a la playa por entonces. En esa barca se metía hasta el perro. Eva vino aquel verano más alta, más rubia y más todo, con sus 15 años cumplidos en invierno. Me noté por primera vez el corazón en el estómago aquella mañana en la barca, cuando la observaba con el pelo mojado y el salvavidas naranja. A la lancha se le levantaba el morro y daba saltos sobre las olas, parecía que de un momento a otro, entre la velocidad y mi emoción por Eva, íbamos a salir volando hasta a la luna por lo menos. No hubo agosto con más besos imaginados que aquel.

Me gustan mucho nuestras conversaciones en la piscina, todo lo que me cuentas mientras nos pensamos bien lo de mojarnos el pelo o no. A veces no sé si son cosas ciertas o inventadas, pero da igual, todo lo que me explicas me suena a cuento bonito. Como por ejemplo eso de que ganaste una medalla jugando a basket y que tú nunca entrenabas con chándal porque te parecía cutre, que entrenabas en vaqueros rotos. Presiento que siempre tendrás algo que me sorprenda.

Mañana nos vamos, espérame a la 1 en el parking, te paso a recoger, comemos cuando lleguemos y por la tarde podemos ir a la playa. Mi madre me ha estado dando instrucciones toda la tarde, que si en la nevera hay leche, que si ha dejado mantequilla, que si las chanclas están en tal sitio... como si nos fuéramos a 10.000 años luz. Me encanta ese rollo de las madres.

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