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Desde Formentera, recuerdos de otros veranos


Amigo,

no sé si llegué a contarte alguna vez qué sucedía durante los días de tormenta de verano, cuando no podíamos bajar hasta la playa ni pasar la tarde en la piscina. Nos vestíamos diferente, dejábamos las chanclas debajo de la cama y nos poníamos nuestras Nike y una chaqueta fina (la que decía mi madre). Sólo entonces conocíamos cual era nuestro aspecto en los meses en los que no nos veíamos, cuando el otoño nos mandaba lejos, a años luz. Así que, cuando era verano y llovía, muchas veces nos quedábamos en casa jugando al Cluedo y merendando. Aquella sensación de refugio, de estar a salvo, no es comparable con ninguna otra... ahora todo es otra cosa.

Desde que te marchaste, tengo la sensación de que, verdaderamente, los helados se derriten.


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