Ir al contenido principal

Una ventana






Ayer fui a ver a mi tío al hospital. Tiene 53 años. Está allí desde que le dio un infarto en verano. Está metido en una especie de burbuja impenetrable. Te mira con ojos inexpresivos y no sabes qué pasa por su cabeza. Me da miedo pensar que está infinitamente triste. La tristeza le paraliza el habla y el cuerpo. Durante bastantes semanas parecía que iba a recuperar algo de lo perdido. Cantaba, se reía, lloraba, se tenía en pie, incluso llegó a leer y a hacer puzzles de pocas piezas. Pero por algún motivo su cerebro ha vuelto a sumergirse.

En cada planta del hospital hay un árbol de Navidad. Enfermos que pasean en bata.

Mi tío se enamoró hace un tiempo de una mujer que no era con quien se había casado. A pesar de que se enteró mi tía y toda la famlia, y a pesar de que él mismo reconocía que no era feliz en su matrimonio, ni se separó ni se divorció. Siguió con su rutina de siempre: ir a trabajar. La vida de mi tío era el trabajo. Supongo que dejaría de ver a la chica de la que se enamoró y que todo se esfumaría sin más.

Yo la conocí. La vi un día en la piscina, por casualidad, cuando aún no se había destapado todo el pastel y ella era únicamente una amiga doce años más joven que él. Cuando vi cómo hablaba con ella, cómo se reía, cómo la miraba... pensé que mi tío era una persona muy diferente fuera de casa. Que era simpático, amable y guapo. Jamás le había visto así. Supongo que mi tío se enamoró, que aquella mujer le abrió una ventana al mundo; se contaban cosas que no sabían antes y amanecían en lugares nuevos y desconocidos, frágiles y bellos.

Me pregunto dónde está ahora él, en qué mundo, en si hay alguien que pueda volver a abrir esa ventana.









Comentarios

  1. Por razones personales (yo también tuve un tío, mi tío Manuel), esta anécdota me ha resultado muy emotiva. No desearía abundar en detalles sentimentales. Gracias.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Deja tu mensaje