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Post 1008. Abandonar la zona de confort.




La otra tarde estuve bebiendo cervezas y hablando con una amiga de lo qué pasaba cuando abandonabas la famosa zona de confort.


Cada uno tiene la suya; lo que para unos es como dejar un sofá de piel de tres plazas, para otros es un triste cojín en el suelo, pero al fin y al cabo se trata de tu zona y nadie debería juzgarla. Así que, estimadas lectoras y lectores de este blog, nunca dejéis que nadie os diga donde tenéis que aposentar vuestras nalgas cómodamente. 

Creo que –sin saber si estoy en lo cierto– cuando abandonas dicha zona, te echas a andar por una especie de río sin destino conocido. Te han enseñado que debes evitar el agua, así que lo único que vale es ir saltando de piedra en piedra. Puede que te quedes un rato en una  de las grandes porque te sientes a salvo y su estabilidad puede ayudarte a decidir hacia donde se dirigirá tu próximo paso. Las circunstancias que te ayudan o empujan a decidirte antes de saltar son muchas, a menudo no tienen ni pies ni cabeza, eso os lo aseguro yo, así que poco importan, no son la clave de nada, en realidad. O sí, pero tampoco puedes saberlo en ese preciso instante en el que te das impulso, así que no le deis más vueltas, pueden llamarse de muchas formas.

El problema es que en el río no sólo hay piedras grandes, también hay piedras pequeñas e inestables, de esas que se mueven cuando saltas encima de ellas y si no tienes equilibrio te pegas un tastarazo monumental. Así que, bueno, cuando estás en una de esas piedras, a parte de tener que demostrar tus dotes equilibristas, también debes ser rápida y saltar hacia otra y otra y otra, hasta llegar a una de las grandes, de las que te dejan tiempo para pensar y decidir. Y bueno, quien sabe, puede que te instales en esa piedra y te montes otra vez el sofá de tres plazas allí mismo.

Pues bien, yo estoy en la parte de ir saltando de piedra en piedra pequeña e inestable. Sí, qué guay. Es emocionante de cojones. Y cuando miro hacia atrás y veo todo ese camino ya pasado, pienso, ¿cómo he podido llegar hasta aquí? Así que, sinceramente, creo que en el próximo paso me caigo al río de cabeza. Y no pasa nada si me caigo porque voy a estar atenta y me pondré a correr o a nadar en seguida hacia la orilla. Lo malo es no saber que te puedes caer, porque entonces te pilla por sorpresa y sin reflejos, pero una vez conoces el terreno, como mucho lo pasas mal un rato, o no, incluso puede que sea divertido, pero te pones a salvo y ya está. Fin de la metáfora "río". 

Dos personas diferentes, en dos bares distintos, a horas similares, me dijeron que las decisiones nunca eran erróneas. Yo no entendí la frase, ni la entiendo ahora, pero voy a aferrarme a ello como a un clavo ardiendo.


Comentarios

  1. Mi hermano siempre dice que si dos personas distintas en dos lugares distintos te dicen lo mismo, seguramente es que ambas tienen razón....

    No sé si es cierto pero es una de sus frases estrella...

    Sobre las zonas de confort, te diré que hace poco abandoné mi zona de confort, fue interesante, descubrí y aprendí un montón , no me arrepiento pero... He vuelto a mi zona de confort, y me gusta...

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  2. yo tampoco entiendo esa frase y ni siquiera sé cómo aferrarme, Paola. felices piedras inestables.

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  3. " Lo malo es no saber que te puedes caer"

    la vida resumida en unas cuantas palabras.

    (por que sigamos saltando con ganas) ;)


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  4. No pienso igual. Claro que hay decisiones erroneas. Y además las reconocemos facilmente. Son esas que se agarran a tu estomago y las que te producen alguna noche de insomnio. Pero sobre las que ya no hay vuelta atrás. El camino de tu rio es hacia delante. Eso es de lo unico que estoy segura.

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