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1083. Volverán a buscarte


Esta canción de Radiohead me encantaba en su época. Supongo que estaba enamorada de alguien que no me hacía caso y yo repetía muchas veces la última frase. Pero ahora creo que no hay soluciones mágicas ni nadie que salve todos nuestros condicionales. Pero a veces está bien engañarse un rato y pensar que sí. Es como cuando te pones una tirita sobre un corte. Parece que te cura.


Radiohead - Fake plastic trees from musiclover on Vimeo.

Lo que más me llama la atención de los inicios de curso son las reacciones de los alumnos de infantil. Sobre todo los que entran con tres añitos.

Todos lloran muchísimo, o casi todos. Lo viven como un abandono. Los dejan en un lugar extraño, con un montón de niños a los que no conocen. No saben si van a volver a recogerlos o si van a quedarse allí para siempre. Son niños, no pueden comparar con otras experiencias, puede que no tengan ninguna similar. Se quieren ir, pero no pueden. Muchos se cuelgan la mochila –el único equipaje que conocen– y se dirigen a la puerta de la clase. Es algo así como "yo ya estoy listo o lista para marcharme, ¿a qué coño esperas para dejarme salir?". A los adultos también nos sucede algo similar cuando estamos ante una situación desconocida, o cuando perdemos algo o a alguien que nos sirve de referencia. Nos desorientamos un poco.

En esa especie de abandono no real, el niño suele buscar el apoyo de algún adulto. Buscan a alguien que les proporcione seguridad, que les diga "Volverán a buscarte".

Un niño de tres años, al que llamaré Ferran, ha sido mi sombra durante toda una hora. Lloraba muchísimo y sólo decía "mama... mama..." Yo lo he cogido de la mano y le he dicho que íbamos a dar una vuelta por el patio, que íbamos a explorarlo un poco. No me comprendía pero sí era capaz de captar el tono de mi voz, mis gestos. En la segunda vuelta al patio –que es una verdadera locura, algunos niños superan el trauma del primer día corriendo sin ton ni son, es su forma de inspeccionar el terreno, se paran, observan, te miran, se acercan a sus nuevos compañeros, los olisquean, los tocan, los retan, vuelven a llorar, etc.– Ferran se ha calmado. Me ha preguntado de nuevo por su mamá. Le he dicho que volvería más tarde. Le he cantado dos canciones. Le he acariciado la palma de la mano con los dedos mientras le cantaba y luego él me ha imitado y ha hecho lo mismo con la mía. Entonces se ha sentado en el suelo. Ya estaba tranquilo. Se ha acercado una niña y se ha sentado con él. Se han tocado el pelo. Se han mirado.  Sin que se dieran cuenta, me he ido al otro extremo del patio y desde allí los he observado. Ferran ya podía estar solo. 

La paciencia es tan importante. Si Ferran hubiera tenido la capacidad de saber que sólo tenía que esperar, no se hubiera pegado el disgusto. Con los adultos pasa lo mismo. A veces no somos capaces de esperar. No comprendemos que todo requiere un tiempo. Cuando tenemos un problema queremos acelerar la solución y a veces no es posible.  Yo me incluyo en el saco de los no pacientes, pero quiero trabajar esa virtud, la de la paciencia, porque me estoy dando cuenta de que es muy importante.  El tiempo es necesario. Quiero incorporar la paciencia a mi vida porque es el motor que hace que el presente sea lo que verdaderamente importa.

Estoy aprendiendo mucho este año y sé que me hará avanzar. O eso creo. Pero para aprender hay que equivocarse muchas veces y buscar la salida otras tantas. Puede llegar a desgastarte. Pero hay que tener paciencia.

Día bonito. El de mañana aún lo será más. Tengo algo así como una cita. He ido a la pelu y todo. Vale, me acabo de cargar todo mi discurso racional en dos frases.



Comentarios

  1. Pues no veo por qué te has cargado el discurso. Has esperado pacientemente a que acabara el texto para expresar un optimismo que no me ha parecido impaciente. Además, ¿a quién quieres engañar?, has ido a la pelu porque te apetecía, no porque tengas una cita. xxx

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  2. Concuerdo contigo perfecto. La prisa interna nos impide disfrutar del ahora, que es lo único que tenemos seguro.

    Besote.

    PS. El tatuaje sigue pendiente, inconvenientes de horario de ambas partes. Pero hablábamos de paciencia, ¿cierto? Yo espero con ansias.

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  3. Este verano me fui de camping y habia una piscina. En la pared habia unos salvavidas colgados. Delante de ellos una pareja, sentados cada uno de ellos en una de estas comodas butacas que se echan para atrás y puedes estirarte como un chaise longue (o como se escriba).

    En un momento la chica alargo la mano y se la dio a su novio. Se miraron, y al instante como si se hubieran percatado de que yo les estaba observando desde enfrente (cosa poco probable, llevaba gafas de sol y estaba lejos) se soltaron .

    Pero a mi me parecio que escenificaron lo mejor posible la palabra salvavidas , que siempre me ha hecho mucha gracia. Una tabla de salvación , en ésta ocasión a través de sus manos.

    Quizás se la acaricio y todo, para que se tranquilizase... creo que no sabia nadar.

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