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buñuelos de viento

He ido a visitar a mi abuela. Le he llevado buñuelos de viento huracanado y desconocido. Se ha puesto muy contenta. Durante el trayecto en metro he calculado que posiblemente habré merendado allí -durante la infancia- más de 1 millón doscientas veces. En su casa tengo la sensación de haber crecido como un gigante, mi memoria conserva una percepción antigua de las medidas. Recuerdo merendar escuchando su máquina de coser. Aún la tiene, es una joya. Todo está igual que entonces. Quería tener un hermano o hermana para jugar allí por las tardes. Siempre he estado demasiado conmigo, sintiéndome todo el rato. De pequeña me subí a un taxi con mi abuela y oí como le decía al conductor: siga a esa moto sin que le vean. Era la moto de mi abuelo.
Al volver le he hecho esta foto a una bicicleta.



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