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coleccionar sombras

He añadido la sombra de una persiana sobre una pared blanca a mi catálogo de sombras. Ya tengo dos muestras. 

Las sombras son lo último que se va. No, mentira, no es eso, pero hoy sí. Las sombras son el amor de todas las cosas y de las personas. No, tampoco. Pero hoy sí. Las sombras son un poco de silencio. Se agarran en el corazón y lo aprietan como si fuera un globo con un poco de agua dentro. Las sombras son indicios de que yo quise tu carne, tu saliva y tu cuerpo con sangre dentro. Y agua. Cuando los cuerpos hacían cosas, se movían, hablaban y se reían. Las sombras no son eso, pero hoy sí. No hay cuerpos que huelan aquí, y desprendan calor y ocupen espacio. Deslizo un dedo por encima de la sombra. ¿Tú eres guay? Me preguntó ayer una amiga camino del gimnasio. Sí, yo soy guay. Le dije. Pues claro, tú eres guay, dijo. Pues por qué estás triste? Me preguntó. No lo sé. Ser guay y no saber por qué estás triste te quita tristeza o te quita guay. Mi hámster ha aprendido a hablar. Dice ñi ñi ñi. Tuvimos un problema de comunicación, él me mordió yo lo tiré al suelo, coño, me mordió, qué quería, y desde entonces estamos raros. Hace semanas. Estamos asustados. Mutuamente asustados por habernos hecho daño. Pero yo le quiero, y le pongo comidita y agua. ¿Quiere que yo lo lleve al desierto, ¿dónde nació? Podría hacer un viaje existencial al desierto, dejar mi hamster allí, grabarlo con el ipad y enseñárselo a mi madre. Vale, voy a hacer eso.

Comentarios

  1. No le dejes en el desierto. Pobrecito:(
    En casa tengo una adiestradora perfecta de hamsters. Ella segura que puede enseñare trucos para que nunca más te muerda.

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  2. Pues a ver, que tengo que hacer?

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