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El baile de las seis de la tarde


sombra de geranio al atardecer


Mi casa da por un lado a la calle por la que entro en mi portería del año 1936, y por la otra al interior de una de esas manzanas cuadradas de Barcelona. Los edificios son todos distintos. Me hipnotiza ese mosaico de muchas vidas y ventanas; observar los cambios de luz en las fachadas y el cielo. Y las gaviotas, que me parecen tan salvajes y terribles, pero tan blancas. Sé que soy yo quien hace bello este lugar, mi percepción de él.

En algún sitio cercano celebran cada tarde de fin de semana, a partir de las seis, un baile para personas de la tercera edad con música en directo. A mí me encanta pensar que un día seré mayor y me arreglaré para ir a bailar a las seis, aquí o donde sea. Escucho las canciones desde la terraza. Me recuerda al verano, a la música lejana de los hoteles en la costa. Son recuerdos felices –de pronto he leído difíciles, como si todo lo feliz fuera a convertirse en difícil más tarde.

El repertorio de la orquesta es variado y suenan muy bien. Hoy han tocado Wonderful Life y me ha parecido muy moderno. Luego ha sonado un paso doble muy bonito. Los pasos dobles me parecen nostálgicos, no sé por qué. Como si en otra vida yo hubiera bailado muchos pasos dobles enamorada de alguien maravilloso y eso permaneciera en alguna parte primigenia de mi memoria.

La última canción que han tocado ha sido New York New York, y me ha dado un poco la risa tonta, como si todo estuviera ultra-conectado y lleno de links transparentes en el aire; yo me estaba pintando los ojos para salir a tomar algo con un amigo y ya llegaba tarde –como siempre.

Comentarios

  1. ¿Quedamos para bailar?

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  2. ¡Qué bonita la nueva portada del blog!

    Parece que todo es según nuestra percepción, lo bonito y lo feo, lo feliz y lo triste... Todo depende de nuestra manera de mirar, de sentir.

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