200 lomos, 200 pinchos y 70 chorizos


Devendra Banhart "Für Hildegard von Bingen" from Isaiah Seret on Vimeo.



Salgo de casa escuchando a Devendra. Cruzo la calle, la gente sube del metro, el sol se estrella en las fachadas. No tengo tristezas en el corazón porque lo tengo limpio como una patena de plata con la luna reflejada. Amo a tres o cuatro personas y a una actriz de dudosa reputación; puede que alguna me ame a mí. Un 26 de febrero de hace ocho años me enamoré y fui inmensamente feliz. Y ese día me desperté, me vestí, me peiné, desayuné y no sabía qué me iba a enamorar por la tarde, pero me puse lentillas.  Nadie recuerda las horas antes de enamorarse. Las lentillas graban lo que pasa durante el día, pero son desechables. Ya puedo andar por casa con las luces apagadas sin chocarme con nada. En mi memoria ya existen unas paredes y unas puertas y unas habitaciones que antes no estaban. No recuerdo cómo me desnudaron la última vez, puede que me desnudara yo, pero no estoy segura. Mi hermana postiza ha organizado una barbacoa  y se han apuntado 67 personas y eso que no tiene facebook. Tú sabes, sis, me decía ayer por teléfono, la locura que es ir a la carnicería y comprar 200 lomos, 200 pinchos, 70 chorizos, todo esto me está superando, la gente quiere codornices, y yo lo que quiero es estar en mi casa, con mis libros.

Yo quiero comprarme un ukelele. Ir al Faro de Gata. Cantar canciones bonitas.






Seré au

He escrito esta canción llamada Amante Bandido:





Antes de eso:

Hoy he hecho mañana de desayuno en el sofá, con pijama y viendo Girls. Lo hago cada dos semanas porque así se me acumulan dos capítulos y parece una película. No logro entender por qué me caía tan mal Hanna en la primera temporada, he conocido a gente a la que también le pasa lo mismo, luego, en la segunda empiezas a empatizar, porque intenta hacer las cosas bien y las hace mal, y parece que no le importe pero siempre hay un momento en el que ves que sí le importa. Mi personaje preferido de la tercera temporada, por el momento, es Marnie, porque está siempre intentando arreglarlo todo y surge el efecto contrario. Pero mi preferido de todos es Adam y deseo lo mejor para él, he conocido a gente a la que también le pasa.

Ayer noche había quedado con un amigo pero ambos estábamos de bajón, que no tristes. De bajón es tristeza temporal. Y rechazamos la posibilidad de salir a pasarlo bien como la semana pasada, porque salir de fiesta con 20 años y pasarlo mal es insoportable y no entra dentro de la vida, tienes excusas a las que aferrarte para sentirte mal y desgraciada; salir de fiesta y pasarlo mal con más de 30 y menos de 40 es soportable y entra dentro de lo que es la vida, y te deja sin excusas. Es muchísimo más difícil de manejar. Decidí quedarme en casa viendo cuatro capítulos seguidos de la quinta temporada de Breaking Bad. Por favor, que pillen ya a Walter White, no le soporto. Es egoísta, cruel y malvado.

Después de desayunar he pensado en salir a la calle porque hace mucho sol. He pensado en coger la bicicleta e ir hasta la Barceloneta por la playa, aprovechar este día que me brinda la vida, y todo eso. Entonces he visto, desde el sofá, a una vecina que no había visto jamás. Ella estaba fregando el suelo del balcón. Llevaba un jersey súper bonito y un flequillo espectacular. He decidido vestirme.

Resumiendo, no he salido a la calle, pero he salido al balcón. Creo que voy a leer en la terraza. La comida me parte el día. ¿Ahora tengo que comer? Son las cinco.

El viernes, un alumno venido de un desierto, y que aún no habla demasiado bien nuestro idioma, a la pregunta "¿te sientes bien aquí?" contestó: "bien aquí (señalándose la cabeza) pero no aquí (poniéndose la mano en el corazón)" Muchas cosas en cabeza en noche. Dijo. Doler aquí, señalándose el pecho. ¿Podemos dejar de actuar como adultos y comportarnos como este niño de una puñetera vez?








Espejos


Mary Poppins hoy está con la presión alta. Ayer, en la clase, me pareció que la profesora del gimnasio -la que me gusta- me miraba a través del espejo. De entre cuarenta tías, me miraba a mí casi todo el rato. Pero es que a través de los espejos siempre parece que la gente te mire. Por lo tanto, voy a ponerlo en duda. Lo cierto es que ayer bailé tan bien que yo misma no podía dejar de mirarme en el espejo, lo estaba vibrando. Yo ayer estaba intratable, le pillaba todos los detalles. Esos detalles que hacen que el paso sea espectacular.

Qué bonito y al lío son sus palabras que más me gustan. Al lío lo dice cuando empezamos la clase, y qué bonito lo dice cuando hacemos algo muy bien. Mi fantasía es que un día, después de clase, se mete en mi ducha y me susurra al lío. Si eso pasara, qué fuerte, no? Qué bonito. Ardería el gimnasio, la calle y Barcelona entera. Y Artur Mas en plan, qué ha pasado, qué ha pasado, dónde están los mossos. Qué poco debe imaginar que la pava de la segunda fila a la derecha, que apenas saluda cuando entra en clase, escribe sobre ella en un blog. Esto es fatal. Esto es inconcebible. 



fue un amor mosquito tan dandy

El viernes salí con mi amigo Juan y acabamos bailando techno en el Moog hasta las cinco como si nos hubieran poseído. Fue una noche divertida. Mientras íbamos de bar en bar rellenando nuestro cuerpo con alcohol corporreal, yo iba cantando una canción de Devendra Banhart que me tiene intrigada  y que he estado tocando esta mañana en casa para mi amigo Juan, al que le deseo mucha suerte con su nueva vida por estrenar.




Ópera fina

Llevo toda la tarde corrigiendo. Hay de todo.

Los compositores de ópera más relevantes de la historia son:


Me ha dejado alucinada.

Otra opción es:


Uish... casi.

Con los que no estudian me río un montón. 

Los días pasan, el sol, todo lo que debo hacer es ir hacia adelante, veo las casas de mis vecinos en airbnb, doy un paseo hasta la playa, yo le compro comida al hámster, yo todo el rato, desde mi infancia, todo el rato conmigo, yo haciendo los deberes, yo jugando en casa, yo mirando por la ventana que daba al lavadero; quiero dar un poco de yo a alguien; en el edificio de oficinas dejan las luces encendidas toda la noche y parece que las ventanas estén soñando, moviendo los párpados, en la fábrica de la esquina hay un taller de artistas y a veces sacan esculturas de hierro y muebles viejos y sillas, hay árboles en la calle, a las 8:40 el carril bici de mi calle parece el tour de francia, tengo un gorro de lana, ayer hacía frío pero hoy ha sido primavera, mañana san valentín, el amor, todos somos especiales, no he cambiado ni quiero cambiar ni que nadie me cambie, me he enamorado muchas veces, de repente me enamoro y no me doy cuenta cuando pasa, es como masticar una manzana y que retumbe en la boca y en los oídos, crush crush crush, y es verde como las plantas que se mueven con el viento suave de la tarde, y por qué pasa, y por quién pasa y cuando pasa, no lo hago a propósito, me acordaré de todo mi amor el día que muera? me dará tiempo de recordarlo? Me acordaré de yo, de todos estos ratos con yo, de la vida con yo que es quien le da sentido a todo lo demás, de yo que decido y me voy por un camino o por otro, de yo en una casa cerca del mar, un tomate cortado por la mitad en una tabla de madera, una olla en el fuego, un perro  ladrando, una clase vacía, los pupitres y las flautas, yo ahora, yo en este momento.



Mirando a mi alrededor



Al lado de mi portal hay un centro de ideas. No sé lo que es, pero me gusta. Se llama así: centro de ideas, lo pone en el cartel de la puerta. Me imagino a gente pensando y teniendo ideas descabelladas dentro. Hay librerías a los lados y una escalera de metal que sube a otro nivel en el que hay mesas y algún ordenador. Es un espacio muy abierto y con mucha luz.  Los domingos por la mañana ponen música, tienen una colección de vinilos que se ve desde la calle. No sé exactamente de qué trabajan, pero parece divertido.

Cuando te caes de la moto, lo mejor es volverse a subir lo más pronto posible. Sobre todo si  la vida te lo pone en bandeja. Vuelvo a un lugar y vuelvo con ganas.

VHS

He estado pensando mucho durante estos últimos días, creo que tengo la cabeza más grande.  Ya decía mi horóscopo que febrero iba a ser un mes de reflexión y de Marte en mi casa nosequé, no me entero nunca de lo de las casas. Marte siempre trae batallas, que por eso era el dios de la guerra. Pero estamos a salvo y fumando la pipa de la paz. Las reconciliaciones siempre son buenas. Sólo tengo que tener paciencia y todo irá bien.

Una vez nevó en febrero y salí con mi vecina a la calle a tirar bolas de nieve. Febrero siempre era un mes bastante de paso, era una suerte que hubiera algo extraordinario como la nieve. Ya he hablado de mi vecina alguna vez, éramos muy amigas, ahora también, pero ya no tenemos demasiadas cosas en común, creo. Pero está en todos mis recuerdos de adolescencia, como por ejemplo en el de ese día de nieve. Era con la que me salté la clase de guitarra para ver en el Canal Plus la película de Oliver Stone sobre los Doors. Nos parecía una especie de descubrimiento vital. Luego me fui para casa con la guitarra como si realmente volviera de clase. La tengo grabada en una cinta de vídeo VHS.

El caso es que nos hicimos súper fans de Jim Morrison e íbamos a unos puestos que ponían en la plaza de la catedral de Barcelona de cintas de cassette y nos comprábamos muchas de los Doors en concierto. Eran cintas grabadas, no originales, sonaban fatal, y la carátula estaba hecha a mano por el señor que las vendía, que era bastante mayor, con barba blanca y eso. Éramos ingenuas, incluso más que ahora, yo creía que esas cintas de cassette eran como un ejemplar único en todo el mundo. Está claro que no, pero lo vivíamos como algo exclusivo. También recuerdo que me compré tres vinilos de los Doors en una  tienda de discos que había en la calle de mi abuela. Le dije al señor, deme todo los discos que tenga de los doors, por favor.

Si tuviera dinero para invertir montaría un café superchulo, un lugar agradable donde trataría de armonizar todo lo que me gusta. Creo que pondría una foto de mi vecina y la historia debajo. Puede que no le interesase a nadie, pero a mí sí. Hoy me he fijado que la crema de la leche, esa que es como espuma y que yo hago con el aeroccino, si está más fría que el café hace ssssssshhh, y es un sonido fantástico. No me veo bailando con los niños dentro de veinte años, en plan con dolor de espalda y lumbago. Buscaría a alguien de confianza para que me llevara el negocio durante mis largas vacaciones. Antes de empezar a trabajar ya pienso en irme de vacaciones. Muy bien.







no sé cómo explicarlo



Lo que más me gusta de ir al gimnasio es volver, tomarme una cerveza y fumarme un cigarrillo sientiéndome en forma.

Mi profe está muy buena.
No sé cómo explicarlo.
Está muy buena.
Pero no es la típica tía buena, pero lo está.
Tiene unos brazos.
Uf, madre mía, qué brazos.
No sé cómo explicarlo.
Me deja sin palabras cuando da puñetazos al aire y cuando se pone en guardia.
Hoy se había alisado el pelo, o algo así, no la reconocía, y en cuanto ha empezado a sudar, se le ha vuelto a rizar. Es una chica maravillosa. Jamás nacerá otra como ella.
Ojalá jamás se vaya del gimnasio. ¿está estudiando? O ya lo tiene todo estudiado?
A veces me la imagino fabricando el robot más bonito del mundo, seguro que es súper lista.

Esta canción me recuerda a ella, se mueve tan bien cuando la baila.




DBANJ OLIVER TWIST VIDEO from Tessy Tessy on Vimeo.

buñuelos de viento

He ido a visitar a mi abuela. Le he llevado buñuelos de viento huracanado y desconocido. Se ha puesto muy contenta. Durante el trayecto en metro he calculado que posiblemente habré merendado allí -durante la infancia- más de 1 millón doscientas veces. En su casa tengo la sensación de haber crecido como un gigante, mi memoria conserva una percepción antigua de las medidas. Recuerdo merendar escuchando su máquina de coser. Aún la tiene, es una joya. Todo está igual que entonces. Quería tener un hermano o hermana para jugar allí por las tardes. Siempre he estado demasiado conmigo, sintiéndome todo el rato. De pequeña me subí a un taxi con mi abuela y oí como le decía al conductor: siga a esa moto sin que le vean. Era la moto de mi abuelo.
Al volver le he hecho esta foto a una bicicleta.



auto-escribirse cartas

Ha estado lloviendo todo el día. Toda la humedad que hay en la calle podría formar una mar paralelo. Una playa entre dos orillas.

Ayer hablé con un vecino de un amigo. En el ascensor. Rodeados de espejos y luz blanca como de laboratorio.  Me contó que durante el año pasado se había mudado cinco veces.  Creo que a ciertas edades sólo se habla de mudanzas y separaciones.

Hoy quería ir a nadar, pero con este día... me he quedado en casa. He ordenado todas las habitaciones y he dejado dormir al hámster-perro toda la mañana. Por la tarde, a eso de las siete, lo he cogido un rato y le he acariciado la cabeza. Cerraba los ojos.

Me he despertado pensando en lo de las cartas de amor. He decidido que hoy iba a escribirme una para mí.  Me he escrito una carta que me gustaría recibir.  He escrito -bueno, me han escrito, de forma ficticia- 15 líneas. Únicamente 15. Ha sido descubrir una fórmula sencilla, de esas en las que piensas muchísimo, pero la solución es simple.

Me la he escrito. No con mis palabras. Y me la he creído. Me he sentido feliz al releerla tres o cuatro veces. Aunque sea una carta ficticia, autoescrita, he sentido algo bonito. He acotado mi. Mi ¿qué? No es una ilusión ni un deseo, no es un sueño. No es nada de eso. Pero me hace sentir bien. Me he dado algo. Ha sido un acto de generosidad.