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los domingos son así

Ayer fue un día bonito, lleno de energía. Volví a bajar unas escaleras, tan alegre, que se me salió un zapato. Esto ya me había pasado antes. Siempre tengo esa sensación de que mis pies son más grandes de lo que son en realidad.

Es un día de resaca. Ayer me fijé en cómo bailaba la gente y en cómo cantaban mientras bailaban. Yo no bailé porque necesito mucho espacio para bailar. Soy una profesional. Pero estaban todos bailando y cantando. Me he despertado melancólica perdida. Por esto, por lo otro, por aquello. Por lo de más allá. No creo que mi melancolía tenga remedio posible, debo rendirme a ella. Sigo en el banquillo, el equipo es de segunda. No sé cuando el entrenador me va a volver a sacar. Observo su nuca, para ver si se gira, me ve, y se ilumina. Vamos a sacar a Paola, a ver cómo lo hace. Hay días en los que tengo más ganas de salir a jugar que otros. El otro día me puso a calentar.

Estoy teniendo muchos sueños. Los recuerdo por la mañana. Hacía tiempo que no ocurría. Me gusta. Llevaba meses en los que dormía sin saber por donde había pasado.


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