Ayer, la puerta se abrió de golpe. Con ayuda, la cerré y la aseguré antes de comprobar si era huracán o brisa. En la caja sigue escrito No agitar. Son copas que prefiero proteger de los vaivenes de la mudanza y el viento. Siguen siendo mis copas de cristal. En su día las calenté, las moldeé y bebí en ellas a sorbos grandes y pequeños.
Hay una muy buena noticia: gato está vivo. Lo he visto corretear sobre el tejado de uralita. Me ha hecho muy feliz saber que está bien.
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