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Insomnio malo

Son las 4:34. No puedo dormir. Llevo más de una hora despierta. La perra tampoco puede dormir, así que aquí estamos las dos, despiertas. Escribo una frase y le tiro la pelota. Seríamos un buen personaje de película porque, como decía, en el cine, todo esto que nos pasa tan incómodo, en el cine es una historia. Lo mismo ocurre en las novelas. Los personajes de las novelas pueden hacer y deshacer. Y en los poemas puedes desangrarte en cada verso. Cuando ocurre en la vida real, tienes un problema y a todo el mundo le extraña, "uy, ¿por qué tienes problemas?" A excepción de algunas personas que se parecen a ti o que te quieren y te aceptan, el resto te trata como si fueras de otra especie.

Ya no me quieren como hace cinco semanas.  A veces estoy normal, por la calle, o trabajando, y cuando me acuerdo, se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Es normal? ¿O debería estar bien? Últimamente no sé qué cosas son las que puedo o no sentir. Pero hace cinco semanas me querían. Lo sé seguro. Y fui feliz de verdad yendo al mercado a comprar con ella. Si hubiera habido un medidor de felicidad, yo hubiera dado el máximo. Nadie se estaba dando cuenta, pero yo sí, yo lo estaba sintiendo. Yo estaba en la cima de la montaña más alta. Espero no perder esa ingenuidad que, en ocasiones, me salva.

Hoy me he caído por el precipicio, un rato. No ha durado mucho. Me he asustado. No, asustarse no es la palabra. Es morirse de miedo. Pero sigo viva.

La semana pasada conocí a alguien que me contó cosas bonitas, fascinantes. O que a mí me lo parecían. Sobre hacer inventarios de madrugada y ver amanecer. Eso es auténtico. Y me escuchaba con interés, sin juzgarme. Hacía tiempo que no me preguntaban, ¿qué necesitas? Le dije que necesitaba atención. No lo pensé, me salió sola la respuesta.


Me gustaba mucho este disco cuando empecé a vivir aquí. Me lo compré y lo ponía a todas horas. Lo escuchaba con hásmter. Su comedero lo guardé de recuerdo, junto a mis cosas preferidas, y a veces lo miro y pienso en él, en esa diminuta alma.

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