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No somos tan

La perra me ha pillado llorando. Ha sido raro, en un primer momento me he sentido cohibida. Ha apoyado la cabeza en mi regazo y se me ha quedado mirando fijamente. De vez en cuando, suspiraba. Creo que es la mejor forma de acompañar a alguien. Sin juzgar, sin apremiar, sin agobiar.

Acabo de volver de  la clausura del Festival de cine independiente L'Alternativa. Hemos ido a ver Austerlitz, la mejor película –dicen– de Loznitsa. Nos hemos ido a los veinte minutos. Supongo que ver una sucesión de plano fijos del campo de concentración, desde distintos ángulos, no era lo que esperábamos. Supongo que queríamos una reflexión, una voz  en off, una historia. Supongo que no somos tan alternativas. Ni modernas.

Sin embargo, ha valido la pena. Hacer algo el domingo por la tarde-noche me convierte en una persona mejor. Son puntos invisibles. Luego he vuelto a casa y al pasar por  el Parque de la Ciutadella he sentido un boquete de desmotivación en la palma de la mano. Como un superpoder, pero al revés. Esto me resta todos los puntos conseguidos anteriormente.

Pienso en el volcán del que hemos estado hablando durante la cena, creo que es el volcán Erta Ale. Me gustaría tener ganas de verlo, creer que la lava de ese volcán puede suponer un punto y aparte.