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Comida a domicilio

Vuelvo del velatorio. Son momentos raros en los que no sabes muy bien cómo actuar, y en los que te encuentras con personas del pasado. He estado de charla con una prima a la que hacía tiempo que no veía y que pasó por algo complicado. Me ha gustado volver a verla, saber de su vida actual. Me ha contado de qué trabaja, me ha hablado de su novia, nos hemos reído con algunas referencias al pasado... Yo le he dicho que no tenía ni trabajo ni novia, pero sí terraza y perra. 

Me he despertado tarde y he bajado a comer una hamburguesa con Croqui –últimamente no tenemos comida en casa; bueno ella sí, yo no, yo me he aficionado a pedir comida a domicilio en pijama, todo muy loser y peliculero al mismo tiempo. Sólo me quito el pijama si me invitan a comer. El lunes empiezo a poner cierto orden vital y a planear mi resurgimiento.

Le he dado un poco de hamburguesa a la perri y se ha vuelto como loca, se relamía y ponía los ojos en blanco. Croqui no entiende nada de lo que le cuento, lo noto porque pone caras que no van con la historia, creo que es muy pequeña para comprenderme. Al volver a casa, ha empezado a llover un poco y no hemos acelerado el paso. 

Me encanta ver que está nublado cuando levanto la persiana. Pero suelo rendirme ante el sol, acabo claudicando.