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Great Balls of Fire





Uno de esos sábados por la tarde fuimos a los cines Victoria, que estaban en la Avenida Onze de Setembre, muy cerca de mi calle. Daban Great Balls of Fire y aunque también era de amor, y bastante, nos encantó a los tres. En un momento dado de la película, ella se levantó y se puso a tocar frenéticamente un piano imaginario, moviendo la cabeza y el flequillo, imitando a Denis Quaid, que en la película hacía de Jerry Lee Lewis. A mi me dio un ataque de risa tonta y empecé a moverme en mi butaca, excitada por aquel momento. Richie, su hermano, que ya era bastante marica con 14 años, aunque no nos enteramos del todo hasta bien tarde porque nosotras éramos más pequeñas, movía los brazos en el aire con delicadeza, como si agitara un pañuelo. Éramos tres futuras maricas, cada una a su manera. Cuando los  de la fila de atrás empezaron a quejarse, nos escurrimos en nuestros asientos. Vi su cara en la oscuridad, iluminada únicamente por el reflejo de la pantalla, y le di un beso en la mejilla sintiéndome Winona Ryder. Ella me preguntó ¿te está gustando la película?, con ese tono de, no sé... generosidad, si es que existe un tono así, como si ella fuera la creadora de todas las cosas y  las estuviera mostrando una a una.

A mí me pareció una película increíble. Esta noche me he acordado de la canción.