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Llacuna Inc.



Me he borrado de la app de conocer chicas. 

Todavía no estoy preparada para el campo de batalla. Ir con armadura y vendas debajo es bastante chungo. Es en plan, ¿qué coño haces?

No puedo abrirme a nadie de ninguna de las maneras, ni en serio, ni para sexo ni para amistad ni para ninguna modernidad postromántica. Sólo podría abrirme mostrando la verdad, y eso es imposible, nadie quiere la verdad, jamás. Estamos en la era del filtro. La verdad sería: estoy hecha polvo, ¿quieres cuidarme? Soy una perra del refugio, no del infierno. 

Esa especie de antídoto navideño seguido de las rebajas, que te lanza al consumo de personas, me ha servido para darme cuenta de ello. Supongo que era un falso reset. Quedan los teléfonos registrados en el whatssap, no se sabe para qué ni hasta cuándo. EPerfiles, estándares, patrones. Definitivamente, no estoy lista. 

Sigo en la app de buscar trabajo. Esa sí la mantengo activa. Aunque no tenga ninguna vocación clara de nada ni tiempo ya para crear una nueva. Pero necesito una nómina y un poco de cariño laboral, me conformo con cariño laboral, aunque lo realmente bueno sería pasión laboral.

Estoy resfriada. También tengo una especie de estornudos de echar de menos. Y tos de frustración. Y mocos de recuerdos.

Pero ayer me sentí muy afortunada volviendo en un Bus Nit que me dejó al lado de casa, esquivando el frío y la noche. Y pensé, qué bien, qué cerquita me deja, qué suerte tengo... Esas alegrías.