Mi cama, teléfono

Que este par de meses de cambios significativos no me hayan pillado en mi cama es bastante simbólico. Pero todavía no sé qué quiere decir. Supongo que lo sabré cuando vuelva a estar en mi colchón y en mi habitación. Tengo ganas de recuperar mi territorio y de poner todas las piezas en su lugar. Me gusta vivir sola. Me parece curioso que  tengan que empezar tantas cosas los próximos meses. El trabajo, por ejemplo. ¿Dónde trabajaré? ¿Me gustará? ¿Tendré un buen sueldo? ¿Me sentiré bien? ¿Tardará mucho en llegar el nuevo trabajo? Hoy estoy casi optimista.

Ayer fui en autobús. Me encanta ver la calle y los árboles y a la gente caminando. Me fijo en todos los detalles. Es como si estuviera de excursión por otra ciudad. A la perri también le gusta, creo que me estoy convirtiendo un poco en ella. Esta mañana he ido a despertarla a su cama y me he confundido de nombre. Me pasa a menudo. Se mezclan cariños y afectos en mi mente,  me sale sin pensar. 

Hace meses que no veo a mis vecinas en el balcón, pero hay luz dentro. Ayer pensaba que tal vez se habían marchado y que al nuevo o nueva no le gustaba salir, pero justo hoy, al levantar las persianas, he visto a una de ellas barriendo... No se han ido. Me ha hecho una ilusión tonta. ¿Dónde está la otra? ¿Por qué ya no salen al balcón? ¿Han dejado de fumar? ¿Se han comprado una secadora? Es una lástima, me entretenía mucho mirarlas. Que salgan, que salgan...