lunes, mayo 25, 2026

Mañana de verano a finales de mayo

He bajado pronto a la playa. He vuelto hace un rato y he estado barriendo la terraza o el balcón, todavía no sé qué es. Es un balcón que terracea. Estoy cocinando con cariño una receta inventada, que son las que más me gustan, mientras me bebo una cerveza y escribo alguna línea aquí. Parece domingo per es lunes festivo en Barcelona.

En el tocadiscos suena Lee Fields y no puede gustarme más. De vez en cuando salta la aguja, por alguna mota de polvo. Mi perra me mira desde el sofa. 


El agua del mar estaba fresca y cristalina. Me he acordado de mí el año pasado. Siempre me acuerdo de mí misma de verano a verano. Qué pensaba, qué sentía, qué me preocupaba, qué deseaba, qué echaba de menos, qué me hacía feliz, qué me ponía triste. 


He vuelto caminando y me he quitado la arena de los pies en la fuente del parque. En la playa, he leído dos relatos de Días de fantasmas, de J. Winterson. No acaban de gustarme, pero sí la idea, no el desarrollo. Todos hablan del duelo y el mundo digital, como si lo digital fuera paranormal, sobre todo con los griefbots, las IA diseñadas para "sustituir" a la persona que se ha ido, alimentándose de su huella digital. Salió el tema la otra noche en la cena que organizó A. en su casa. Vinieron amigas suyas que no conocía, pero nos caímos muy bien. Estuvimos entretenidas con varios juegos de mesa que daban para hablar entre tirada y tirada. 


...


La comida ya está lista.



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