He abierto la puerta y estaba todo a oscuras porque mi madre seguía en la cama. He tardado poco en llegar porque no había tráfico. Todo el mundo entraba en Barcelona pero yo salía. He subido todas las persianas de la planta baja para que entrara el sol. Mi madre estaba despierta y me ha sonreído. Me ha pedido que fuera a buscar croissants para desayunar. La semana que viene nos dirán cómo será la quimioterapia.
L. hace ruiditos y agita los brazos como haciendo brujería, como si no supiera demasiado bien para qué sirven, como si se sorprendiera cada vez que se mueven. Le he dado besitos en su cabecita. No podía apartar mis ojos de ella, como en la canción. Hay algo muy esperanzador en alguien que acaba de llegar a la vida.
Hace unos días metí en un cajón la fotografía de mi padre y el relicario con las cenizas. Lo envolví todo en un pañuelo de seda. Acaricié la imagen y le pedí perdón por guardar su foto. Necesitaba hacerlo.
7 años después de obsesionarme con saber qué sentían los zombies, lo he descubierto gracias a "Dura una eternidad y en un instante se acaba", de Anne De Marcken. Novela triste y bonita. La acabé en la tumbona de la piscina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu mensaje secreto.