Ir al contenido principal

aquí

Ya no tengo algunos lugares donde te incluí sin avisar, con un croissant de chocolate a dos calles, con el perro que siempre ladraba en la puerta de una casa y el hombre con corbata. Un libro en el que te colabas entre línias, un volante muy frío y los cristales helados. Y la gran avenida que bajé algún miércoles, para acompañarte, y con los días en los que recordaba algún otro día, y con el sol que se parecía tanto a otro sol y con la última lluvia, de esas que te mojas hasta con paraguas. Y con los mapas de metro abiertos encima de la mesa, ¿recuerdas? Y ahora, cómo me vas a encontrar si cuando pienses en mí yo ya no estoy allí. Lo vas a notar. Y no te voy a poder olisquear en el perfume de la camarera. Estoy aquí.

Comentarios