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kiwis y naranjas

Muevo las piernas entre las sábanas, la pereza se me arma con una pizca de anginas, para darme guerra. Y sigo en la cama, pataleando y estirando mucho los pies, me pongo casi de puntillas, y busco y busco y rebusco el calcetín que me falta. Mi maldito calcetín, ¿donde está?, ¡si no hay más cama! ¿Te imaginas?! y si de repente... te encuentro a ti (¡?) Resultará que habrás estado a mi lado, atrincherada detrás de algún pliegue de este nórdico tan agobiante, ahí donde a veces también se esconden los fantasmas..., y yo sin darme cuenta, y tú a mi lado riéndote. Pues vaya...Pero no encuentro mi calcetín ni te encuentro a ti, así que no puedo salir de la cama. Alguien me tendrá que ir a comprar jarabe para la tos. Y ponerme sus canciones preferidas más algunas de las mías, seleccionadas con mucho cariño y esmero, y traerme un par de libros muy muy interesantes, sobre viajes, con fotos, y ya puestos, un poema con muchos kiwis, y naranja cortada a trocitos pequeños con azúcar por encima y sopa caliente al mediodía. Y ah! alguna película de Leonor Watling. Y algún beso arriesgado.

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