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En los cambios de vía estamos a punto de rompernos. Un vagón arrastra otro vagón, una palabra lleva a otras palabras. El enganche gruñe como los tablones viejos o se queja como el mástil de un barco que se balancea en alta mar.
En ese caso, si yo fuera a la deriva, pensaría en tu habitación demasiado pequeña para tener cocina, donde los libros se amontonan y huele a sopa por todos los rincones. Con nuestros nombres escritos en el cristal empañado para permanecer cerca de cualquier forma, con nuestras letras juntas, aunque sea infantil como ver las gotas hacer carreras y se borre de un manotazo.

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