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El disparo


Bang, bang


El recuerdo del disparo arde bajo mi piel.

Sólo me deja en paz por la noche. Duerme y permanece tranquilo respirando despacio. El sueño se nos lleva hacia ninguna parte, procurándonos calma, quedando todo suspendido y desordenado como ayer y antes de ayer y el otro... las vendas apretadas, las curas diarias de Ingrid, este dolor... Los gestos que se van repitiendo cada día desde aquella desafortunada mañana.

Pienso en ello como si lo hubiera leído en los periódicos, o como si formara parte del boletín de notícias de alguna radio. Yo no estaba allí, yo no recibí ese disparo! yo iba pensando en ti, en verte, en cruzar los dedos para cruzarme contigo, pensaba en verte, esta vez sí, verte, verte, verte...

Aquel loco de la pistola, en la calle, los gritos, una señora tendida en el suelo, la bolsa de la fruta abierta, naranjas rodando por la acera... la sangre. Qué horror, no lo podré olvidar nunca.

Y ahora tú y ella y todo el mundo, están tan lejos.

Oigo los pasos de Ingrid y dejo de hacerme la dormida. Abro los ojos y la veo apoyada en el marco de la puerta.

- ¿Cómo estás?

- Casi bien. Dile a los médicos que no me den más calamares Ingrid, que la herida de bala ya no me duele.

- ¿Calamares?

- Calamares no, cal-man-tes, que me paso el día grogui y no me gusta...No me gusta perder el control, mira ese majara, perdió el control y ¡nos podría haber matado a todos! augh... maldito hombro...

- Vale, hablaré con los médicos, pero no te exaltes.

Ingrid se sienta en la cama. Irradia luz y no deja de sonreir. Lanza sus dados dentro de mi corazón y yo dejo que el azar acierte. Un cuatro y un dos, un seis y un uno, un tres y un cinco. Qué más da, cualquier combinación puede encontrarnos.

- ¿Sabes? Te he traído golosinas.

- ¿Golosinas? Pero si no me gustan - le digo sonriendo-

- Pero a mí me gusta comprártelas. Espera aquí, no te vayas eh... - dice mientra me guiña el ojo-

Ingrid sale de la habitación y se dirige a la sala de médicos. Abre la puerta y se deja envolver por el humo del cigarrillo del Dr. Reixa.

- Doctor, sigue creyendo que le dispararon.

- Tranquila Ingrid, no se preocupe, es un síntoma frecuente en los corazones rotos, dele mucho amor y sígale comprando golosinas, aunque se las tire por la cabeza. Tenga paciencia Ingrid.





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