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Adrián

Adrián, el hacedor de vidrio, funde arena, sosa y caliza a 1.500 grados centígrados.
Aquella era su vocación, aunque una vocación no fuera suficiente.
Adrián tenía grandes sueños. Los demás decían que eran las ilusiones de un perdedor. A menudo se reían de él. "Adrián, Adrián, despierta, no digas más tonterias, pon los pies en el suelo de una vez."
De una vez.
Pero Adrián siempre estaba en potencia. Sólo necesitaba saber que todo era posible si descubría lo extraordinario en las cosas que estaban al alcance de sus manos.
Y eran tantas. Verdaderamente lo son.
Y así ocurrió, brilló todo y Adrián sostuvo lo frágil. Y pasó aquel día,
aquel día que el plomo convirtió el adorado vidrio en cristal.




nota: Sobre los comentarios, no he tenido ningún tipo de problema ni mal rollo etc.., al contrario, es simplemente un cambio. Se pueden hacer por e-mail. Me gustará. Salud.

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