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Paula, llena y completa



11:00 am por memoriaEl sábado por la mañana, Paula tuvo el cielo de su parte.
El viento soplaba las nubes y el sol decía que sí, que sí, que sí a todo. Eran las 9 y en el pasillo del
hospital se oían las bandejas del desayuno y a las enfermeras repartiendo te con madalenas y termómetros.
Era un día para amar, a quien fuera, pero para amar!
El abrigo de Ingrid estaba en la silla. Estiró un poco el brazo y lo alcanzó, se tapó con él, le rozaba la cara, y su perfume estaba allí.
Ingrid huele a cama recién hecha, a café y bocadillos a la plancha, a la música de fondo y al ruido de cafetería. Los camareros, de camisa blanca y pantalones negros, se pasean por los sueños de Paula con olivas y tapas variadas.
Todo eso es Ingrid en la incertidumbre y en los anhelos incumplidos. Pero ¿Acaso deben cumplirse?

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De nuevo Paula en hospitales. Será porque en mi casa estamos acostumbrados a ese escenario, pero no es ninguna tragedia, es mala suerte, digo yo. Lo que más me intriga de los hospitales, y no es la primera vez que lo comento, es en que se basan para escoger los cuadros de los pasillos. ¿Por qué siempre son impresionistas? si Monet levantara la cabeza.

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