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Vaya, qué largo!

te voy a pasar la moto! -le dijo Ani D. a Julie W.-





Hay un tipo en Ecuador al que le llaman el Sansón del Cabello de Acero. Al parecer es capaz de mover un coche atando el parachoques a la coleta. Según él es "una especie de arte que no lo hace ni inferior ni superior a los demás". Hace años que ni se peina, ni se corta, ni se lava el pelo. Si es cierto eso de que cuando te cortas el pelo te renuevas y dejas atrás lo que tengas que dejar atrás, Sansón debe ser o muy feliz o tremendamente desdichado.

Ayer me contó Violetah la historia de su profesora de inglés, la que llevaba a todas partes una cajita llena de pelo. Una cajita llena de su propio pelo. En cambio, mi profesora de inglés hablaba el idioma de los delfines. A veces nos lo enseñaba en clase. Llegó a ser todo tan absurdo que al final nos lo tomábamos en serio. Al cruzar el límite, todo empezó a tomar sentido. Las dos me parecen muy románticas.

No sé quien decía que de los eruditos y sensatos no nacía la poesía sino que ésta surgía en los locos y visionarios. Todo el mundo lo sabe, la inspiración suele agarrarse a la tristeza y la tristeza es una insensata que te jode la mayor parte del día si te dejas. Aunque se puede llegar a una especie de lucidez que lo conmute todo.

No es tristeza, hay algo de equilibrio en todo esto.

No tengo nada al borde de nada, incluso he acabado el libro de Baricco que tanto me estaba gustando. Las cosas dejan de estar pendientes. Tampoco puedo esperar verte sentada de espaldas. O creer que vas a aparecer de repente, en la calle, como antes. Ahora lo que creo es que no vas a estar. En mi bufanda siguen cabiendo dos pero parece que se me ata al cuello como una amante egoísta y me asfixia queriéndome mucho. Y te vas poco a poco. A veces parece que vuelves como los trenes que vuelven y aminoran la marcha cuando llegan... y otras veces parece que arrancas, con poco brio, pero arrancas. Para irte.

Moraleja: No sean radicales con los cortes de pelo.

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