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micro-cuento con final dudoso

Joan me ha llamado esta mañana y me ha dicho "acompáñame a comprar un portátil que yo no tengo ni idea"

Esta es la segunda vez en un mes que alguien me pide que lo acompañe a comprar una cosa de esas, lo peor es que se fían de mí y tengo que mantener esta fama de buena consejera. Para que se fien, el truco está en decir muchas veces y muy seguido, y de forma natural, palabras con tres letras como por ejemplo, cpu, usb, tft, amd, lan y puedes ir probando con otras (csi, fbi, adn, gay, ett, pmi...etc). Wifi es optativo. Y no falla, comprarán el ordenador que a ti te dé la gana y además se sentirán seguros.

Así que hemos quedado en Universitat. Joan ha aparecido de la boca del metro cual Neptuno de los mares. Y hemos iniciado la peregrinación en busca del portátil ideal. Joan me hacía preguntas que yo no entendía y yo le contestaba cosas absurdas con siglas como las de ahí arriba y así se tranquilizaba. Me ha contado mucho sobre su vida, que ha cambiado tanto este último año, y me ha estado comiendo el coco para que no deje la carrera. Nos hemos dado cuenta, que paradójicamente, nos conocimos en la otra carrera que dejé, así que ya hace siete años y seguimos siendo buenos amigos.

Todo iba bien hasta que Joan se ha puesto muy pesado con el rollo del celerón y el centrino. Todo el rato me preguntaba "¿Qué diferencia hay entre centrino y celerón?" y yo le contestaba "Para lo que tú lo quieres, ninguna" pero al parecer no le convencía demasiado y en la siguiente tienda me lo volvía a preguntar, así que finalmente le he confesado que "Centrino" viene de cítrico y "Celerón" de acelerar. Espero que duerma tranquilo.

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