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flotante

Hace algunos años, el Isleño colgó detrás de la puerta de su habitación un mapa mundi, un mapa mundi que él mismo calcó de otro mapa mundi, para así tener el mundo en sus manos. Después, dió unos pasos atrás y alzó el brazo, consciente de que aquel pequeño gesto marcaría su vida. En sus manos, un dardo con la pluma roja y la punta dorada. Cerró los ojos y lo lanzó con fuerza hacia el mapa. Zas! El destino en la diana.

El dardo señaló una pequeña región con los límites desdibujados. Él sería capaz de llegar hasta allí sin pasarse de largo. Voló por encima del océano, dejando atrás la Isla que lo vió nacer, rumbo a la ciudad de la infinita-landia. Le costó acostumbrarse a aquella gente nueva, a toda aquella gente nueva, y como todo el mundo sabe, abrió una pequeña cafetería en la Plaza del Mediodía.

Ahora ya es de noche y te acercas caminando tranquila. Y este momento es sólo para verte cruzar el parque, el parque donde a veces pienso que debería estar la playa, pero la escuela de música queda al fondo, detrás de los árboles, y si allí estuviera el mar...Dime, ¿podría llegar a ser una escuela de música flotante?

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