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ladridos




Veo chimeneas a través de mi flequillo. Esta hora de la tarde me gusta porque los perros ladran. Ladran contentos. Y mi vida está llena de ladridos. Guau, guau, arf arf.

Es como esos días que sin darte cuenta te pones la camiseta del revés y entonces llegan. Llegan las buenas sorpresas. No salen de una cajita puesta para que yo la encuentre. No. Surgen de repente. Están allí y un buen día se abren, se destapan y me las zampo con gusto. Con la boca grande. Como una A de grande.

Vaya, qué sorpresa, tú y yo. Qué miedo. Debí ponerme del revés algo.

Ti bacio domani.

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