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poníendonos al día

Pasé el domingo en casa de la rubísima detective Blenk, con una cabaretera con mucha chispa, Dietrich, y una editora despistada y genuina , Djuna. Y una enfermera con mirada y sonrisa muy legal, Carmen, la única sana que no tenía blog.

Blenk me hizo un mapa para que encontrara la calle y llegué a la primera. Recorrí justo 22 km desde mi casa, ni uno más ni uno menos, bajo millones de gotas de lluvia y en silencio. Conduciendo de nuevo, qué alegría. Cuando bajé del coche, cayó un rayo y toda aquella anergia, la descarga de electricidad, se quedó a mi alrededor. Tomé mis primeras copas, conversé con ellas, no tuve miedo, no me sentí extraña, me sentí muy bien, más que bien... La casa de la detective, como es lógico, estaba llena de pistas. Yo empecé a imaginarme los casos.

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