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teselas



He llegado a las siete a la piscina. En las gradas había un hombre que parecía estar muy concentrado haciendo sudokus.
Cuando alguien acaba un sudoku se siente el ser más inteligente del planeta, un genio en potencia. Los sudokus empujarán a los individuos a tirarse por la ventana con alas de papel en la espalda, creyendo que una tira de números a modo de pasatiempo es un estudio matemático sobre aerodinámica. De esta forma tan simple los lanzará a volar. Lo mejor es que volararán pero solamente hasta llegar al suelo.

Me he sentado un rato al lado del genio y he apoyado los codos en las rodillas, entrelazando los dedos de las manos. La cristalera de la piscina os hace a todos peces y los ventanales redondos, desde éste lado, nos hace a todos capitanes de barco o turistas en un crucero.

En el vestuario he reconocido tu ropa. El olor a cloro y desinfectante cada vez se hacía más fuerte y acentuaba el chasquido del agua que yo considero silencio. Cuando me he metido estabas descansando en un borde del carril, rueda pinchada. Nos hemos mirado a través de las gafas, entre gotas. Cientos de
teselas mojadas brillaban a nuestro alrededor como en los cuadros de Klimt y cientos de teselas mojadas brillaban a nuestro alrededor como en los cuadros de Klimt. Brillaban teselas, cientos, mojadas, a nuestro alrededor. Como en un cuadro de Klimt.

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