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Ayer estuve un par de minutos en la plaza Lesseps esperando una llamada. Pasó uno de esos grupos de turistas hacia el parque Güell. No sé si uno de ellos- o todos- olía al jabón que usábamos en el hotel de madrid. Visualicé a sofía vaciando la cestita y robando todos los jaboncillos y las botellitas de gel. "Vamos a repartirlo" - dijo levántandose el parche- "Para ti el mini-costurero".

Pero si no sé coser. Es verdad que siempre me hace gracia el mini-costurero pero no soy persona de demasiados botones...

Al salir, nos encontramos delante del ascensor un carro lleno de cientos de jaboncitos, botellitas de gel, mini-maquinillas de afeitar, cepillos de dientes, esponjitas y minicostureros. Tuve que agarrar a Sofía. Un pecado capital brillaba en sus ojos.

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