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viva las vegas

Eres tan... tan... tan... tan.... que pareces un tambor

No sé por qué... pero a mis 12 años finalizaron las verbenas de San Juan en la piscina.
Yo era de esas niñas que al día siguiente buscaban los petardos que no habían explotado para alargarles la mecha con otra mecha. Era una resucitadora de petardos.
Mi padre siempre me compraba una caja llena. Cuando digo caja me refiero a una caja "caja" de las de cartón marrón. Abrirla era muy emocionante.

Nunca tuvimos ningún susto. Excepto aquella vez que un chaval me tiró un petardo en la oreja y me quedé sorda toda la noche. Mi padre fué y le dió un bofetón. ¡Se lió una buena en la piscina!
Las verbenas que vinieron después fueron sucedáneos absurdos de San Juan: noches con 4 petardos; con música sosa y del montón; sin piscina y sin baño final; con alguna hoguera de sillas y sillones viejos -qué tristes son esas hogueras-; con amigos que al año siguiente no están porque te han hecho la putada del siglo; con orquestas desafinadas y peleas familiares; fiestas llenas de desconocidos que te importan un pito...

Hubo una verbena en mi párking hace unos 10 años. La cosa acabó con el coma etílico de Pablo. Lo tuvimos que llevar en coche al hospital; le salían las piernas por la ventanilla. Es que era el gigante del instituto.

Pero este año sí haré lo que realmente quiero. Iré a buscarte y lo celebraremos. Porque además hace ya 120 días que me estoy enamorando -siempre en gerundio para que no se acabe- Imagino tu cuerpo trepando como una niña de la selva.

He ido a la tienda de música a comprar unas cuántas cosillas: cuerdas de guitarra, unos cables, púas nuevas... Lo necesito. Voy a pasar el mes de Julio haciéndote una canción. No haré nada más.

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