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el singificado de nadar





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El mes de julio es interminable, una gran carrera hacia las vacaciones, es una semana muy larga en la que cada día dura cuatro días. Aunque no lo parezca está lleno de ventajas. Por ejemplo:
El sábado puedo levantarme tarde, desayunar despacio y cerrar los ojos entre tostada y tostada. Imaginarme una palmera y el típico tiburón en la orilla de la playa cargándose a todos los bañistas.

Pasadas tres horas, puedo irme al sofá a ver series sobre surfistas adolescentes con problemas. Y luego arreglar un par de armarios y meter en bolsas de plástico todo lo que no quiero. Más tarde, podría lanzar los trastos al camión de mudanzas que ocupa toda la calle y que se lleva a los antiguos vecinos para recibir a los nuevos. Que mis cosas viejas vayan a otra casa, a vivir con otra gente y que un buen día se pregunten:
- ¿quién es la chica de la foto?
- Es la vecina antigua, mamá. Son sus fotos.

Y aún tengo tiempo y puedo echarme la siesta. Ver una película, ducharme y vestirme para irte a buscar y salir a cenar contigo. Que se haga muy tarde, acabarnos todo el vino y que tú preguntes "¿ya nos lo hemos bebido?". Llegar a casa y nadar toda la noche sin que se enteren los vecinos, hasta acabar rendidas, sin aire y empapadas encima de la cama.
Y la ventaja de los días que duran como cuatro es que aún queda otra noche entera para descansar. Para dormir. Para que el sueño se haga tan largo que parezca una vida que se resuelve por la mañana. Y ya está.

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