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De uso personal

Hoy hace tres años que tengo blog. Feliz cumpleblog, Vaggio. Este post se puede escuchar. Es para que descansen los ojos. <<usopersonal.mp3>>


18-10-06 Tocadiscos + vinilo de Elvis

Ayer aprobé un examen que era muy difícil para mí. Así que tengo que empezar a creérmelo ya.

Salí de clase con ganas de celebrarlo. Me fumé un cigarro en el pasillo para ver si veía a alguien. Quería contarlo. Pero no pasó nadie. Pensé que podía llamar a mi padre.

Le hizo mucha ilusión.

Es que se compró un teléfono móvil aparte del de la empresa. Para su "uso personal".

- Papa ¿ por qué te has comprado un móvil si ya tienes el del trabajo?

- Pues hija... me lo he comprado para mi uso personal.

Le llamé a su móvil de uso personal y se puso muy contento porque en realidad nadie llama a ese móvil de uso personal.

Cuando llegué a casa me encontré con un tocadiscos nuevo y dos vinilos de Elvis. Era mi regalo de cumpleaños que llegaba con retraso. Elvis está jovencísimo en una de las portadas. El próximo día que venga Sofía ya sé que vamos a hacer. Bailaremos I want you I need you I love you... mientras oímos pasar la aguja por el disco.

Hoy en cambio me siento un poco Raskolnikov. Aunque no haya matado a ninguna vieja usurera. He parado el coche en doble fila. Y me he puesto a pensar, a darle vueltas y la verdad es que me ha dado la risa. Entonces he decidido que cambiaba el rumbo y me iba a ver a Sofía.

Cuando he llegado ella aún no estaba, así que he entrado en un bar y me he tomado una cerveza. En la barra había un chico retrasado. Es muy conocido en el barrio. Le estaba cantando unas cuantas verdades a la clientela. La gente tiembla cuando lo ve entrar. Al de la máquina tragaperras le decía: "Tú eres ludópata. Eso está mal." Y a la camarera, que se estaba comiendo una manzana, le ha dicho "Gorda estabas más guapa". Eso sí, todo eso lo dice con una simpatía innata. Yo he pensado que... tal vez a mí... me iba a decir: "Eres una descreída... créetelo más o te van a pisar hasta las hormigas". Pero la verdad es que ha pasado bastante de mí.

Luego me he ido caminando hacia la estación y le he comprado un cruasán de chocolate a Sofía, para que se pusiera contenta. Y antes de llegar la he visto caminando entre la gente con sus vaqueros y su maleta a cuestas. Tan guapa. Cuando le he contado mi síndrome Raskolnikov se ha echado a reír y me ha confesado un par de cosillas. Entonces ya me he sentido más Bonnie and Clyde.
Nos hemos estado besando en el sofá. Unos besos como los del primer día. Después de todo ¿a quién le preocupa Raskolnikov?

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