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Tantos japoneses en mi cabeza (6x1)



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1. A modo de introducción -para seguir con lo del otro día -

Siento en la espalda algo así como el aliento de un dragón, cuando llego allí y Takahama me pide una cosa diferente. "No, no, hoy agua no". Siempre pienso que va a ser un ejercicio doloroso y reservado para los últimos días, por si no vuelves ninguna otra tarde más que por lo menos lo hayan intentado con el último as de la manga. Así que nunca entro en la sala segura del todo. Al fondo, hay una especie de calienta leche gigante e intrigante hasta hoy. Takahama me ha dicho "ven para aquí". Y ha levantado la tapa del calentador. Dentro había un líquido transparente sin color, y por como no se movía, he deducido que bastante espeso.

- Mete la mano pero no te asustes. Está muy caliente.

2. Reflexión



¿Por qué me ha dicho que no me asustara? ¿es que no sabe que me asusta que me diga que no me asuste? Mi imaginación no puede precisar con exactitud la temperatura del líquido, pero conociéndola -a mi imaginación- el líquido va a ser siempre, sin lugar a dudas, abrasador. Yo he pensado, "ahora es cuando odio a Takahama para siempre" y ella me susurra "estoy loca, no soy fisioterapeuta sino abrasadora de manos". He recordado aquellas viñetas de Lady Snowblood que me enseñó Sofía, las de la carterista, y tantos japoneses en mi cabeza no son buenos.

3. Paréntesis

(Yo amaba la bandera coreana de pequeña porque era la de mi profesor de Tae-Kwon-do, y la llevábamos en un escudo cosido al kimono. Ha sido mi única bandera y por la que mentí una vez a Sofía, cuando me dijo que era cinturón marrón, y yo le dije que era naranja-verde, que me pareció un estatus intermedio y bastante probable, pero más tarde le confesé que sólo llegué al amarillo pero que mi intención era llegar más lejos, de no haberme cruzado con aquella niña mala que nos insultaba en el vestuario a las más pequeñas. Un caso de acoso escolar, o mejor dicho, acoso en el gimnasio en toda regla, si ocurriera ahora. Pero entonces sólo era una niña mala que nos insultaba, nos escondía la ropa y nos robaba la merienda. Y algo más, porque mi futuro en las artes marciales se vio truncado por esa niña que a saber donde andará ahora.)

4. El caso

El caso es que he metido la mano y la he sacado muy rápido, y Takahama ha gritado un poco,

" Paolaa... mete la mano y mantenla dos segundo por lo menos!" coño no, coño no ha dicho, pero era ese tono. Eso he hecho, he metido la mano y la he mantenido dos segundos, y así hasta seis veces, hasta que la he mirado como pidiéndole algo, y le he dicho "está muy caliente..." y me ha puesto una bolsa por encima de la mano y luego una toalla. Yo me he sentido un poco cobarde pero qué podía hacer si no...

5. Lo que era

El líquido era cera, cera de la de las velas, y cuando se me ha secado tenía una especie de molde de cera en la mano, blandito, parecido a la grasa que envuelve a los recién nacidos en algunas ocasiones. Y eso que yo no he visto a ningún recién nacido en el momento del parto pero sé que éso ocurre, que a veces salen envueltos en grasa como un cochinillo embadurnado con manteca de cerdo para asarlo al horno.

6. Conclusión

Luego he vuelto a mis ejercicios removiendo lentejas y judías, y he sentido una alegría enorme al hacer algo conocido. Takahama me miraba desde el otro lado de la habitación, no me quitaba ojo, y eso que debe ser bastante aburrido mirarme mientras remuevo lentejas y judías, pero me miraba pensativa. He creído que tal vez había leído mi diario y que estaba enfadada, pero luego me he quitado la idea de la cabeza, a fin de cuentas no he dicho nada malo sobre ella. Qué callada es esta mujer. Yo no le doy conversación porque me pasa como en las peluquerías, que no sé qué decir, pero luego vienen unos hombres y se ponen a hablar con ella y se ríen todos juntos, y a mí eso me pone enferma...
¿por qué no habla conmigo?

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