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etcétera

Imagen de sxc.hu, pintada de rosa.


Cada tarde paso por delante de una farola que sostiene un cartel de

"Perro desaparecido en esta zona.
Responde al nombre de Roma,
Es un Yorkshire mini.
Necesita medicación".

Así, como un poema.

Obviamente necesita medicación, como todos los perros que se pierden. De la misma forma sucede con los adultos, que de un modo u otro, llega un día y también se pierden, y necesitamos medicación, fe, amor, etcétera.

A pocos metros de la farola había una niña sentada en el césped que rodea el aparcamiento. Iba vestida de rosa, ese rosa que sólo llevan las niñas de ocho años cuando vuelven del colegio con la cartera rosa y la diadema también, por qué no. Estaba sola y hablaba con un perro pequeño, un Yorkshire que iba suelto y sin collar. Tú guapo, no te vayas. ¿Tienes frío? Con esa vocecilla. La niña tapó al perro con su anorak infinitamente rosa.

No asocié el cartel con el perro y la niña rosa hasta la noche, cuando ya estaba en la cama medio dormida. No sé si debería llamar y decir que tal vez he visto a Roma con una niña, a eso de las seis, cerca de la piscina que permaneció vacía todo el verano pasado, y que yo vigilé atenta por si un día se llenaba, pero nada, todo el verano y todo el invierno sin agua.

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