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Desde aquí

El aire me ha despertado agitando los porticones de madera. Esta madrugada, el viento ha barrido estrellas, bikinis y toallas. He encontrado una colchoneta de colores en el jardincillo de en frente. ¿De quién será? El periódico que se quedó ayer noche encima de la mesa de la terraza ha amanecido en el suelo con las hojas desordenadas: Los deportes primero y las noticias internacionales al final. Eran las 8 de la mañana. Ha pasado el portero, el Sr. Juan, silbando una canción que sólo él conoce y por eso la silba tan bien. En días de viento no barre, sería inútil hacerlo porque la lluvia de pinaza seca es continua. Ayer vi una ardilla y ante ayer una cría de murciélago. Un murciélago bebé que se ha caído de un nido. He saludado al Sr. Juan y le he dado los buenos días. Él me ha devuelto unos cuantos para que no sea infeliz.
Estoy siguiendo el horario de verano a rajatabla. Sólo me lo salto por las tardes. Estos días bajo a la playa muy temprano. Estoy sola. Mi toalla es la única. Es un gustazo. La cala está vacía hasta las 12:00, que es cuando empiezan a llegar embarcaciones por mar y franceses por las rocas. Por eso es la cala de los millonetis. Pero exprimo mis dos horas de soledad como una naranja. El oleaje es otro silencio. Sofía me contó el año pasado, mientras dormíamos en aquella cama desde la que se oía el mar, que una mujer se volvió loca de tanto escuchar las olas. Así que de vez en cuando me pongo los auriculares un rato. El agua está fresca y es de cristal. A esa horas también baja una señora de unos sesenta años que está muy en forma. Parece un niño con un cubo de agua azul lleno de pececillos.
Se baña unas dos horas y se va. No extiende la toalla. Hablamos un rato. Me pregunta si hay medusas. Me pregunta si está fría. Soy como la que abre la playa y la que debe saber todas esas cosas, supongo. Me pregunta si vivo cerca, si hace mucho que vengo por aquí o si es mi primer año. Sí señora, vivo aquí al lado. Vengo desde siempre.
Estos días son como una buena canción, o algo que te gusta mucho, aunque intentara atraparla con las manos no podría quedármela para mí. Mía. Mía. Mía. Eso también me sucede con Sofía. Mía, mía. mía. Pero sé que eso no puede ser.
A las doce y media o una me subo a casa y me quedo un rato en la piscina. El color azul piscina me encanta. Sobre todo me gusta el trayecto hacia la luz, hacia el exterior, cuando sales de debajo del agua. Hoy me he tirado de cabeza cinco veces seguidas. He tenido que parar porque me estaba mareando. Estoy intentando olvidarme un poco de mí, por eso pienso tanto en los demás.
No me he encontrado con demasiada gente conocida esto días, únicamente he saludado a dos amigas de la infancia con las que ya no comparto nada, excepto el color del pelo. Prefiero hablar con extraños como la mujer de la playa o el Sr.Juan.
El bronceado me sienta bien pero he dejado de mirarme en el espejo. Esperaré a mirarme el sábado en otros ojos. Sofía no se rasca los ojos, por eso los tiene tan bonitos. Yo me los rasco mucho y por eso los tengo oscuros. Pronto nos iremos con nuestros 4 aviones.
Se me acaba el dinero. ..

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