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la mesa



Pietra Montecorvino se peina tan bien como yo. Será fantástica la noche de verano, como el día de ayer, un miércoles imposible. Como el de las películas de Elvis: cuando queda con la chica y pasan el día juntos y dan una vuelta en helicóptero, practican sky acuático, hacen malabarismos subidos en una vespa, luego montan a caballo, nadan en la playa, toman el sol... Me refiero a esos días.

Me alivian las noches. Prefiero la noche al día. Ojalá pudiera vivir de noche , o muy temprano, cuando aún no hay nadie. Durante estas vacaciones voy a hacerlo todo pronto. Voy a levantarme a las 8 y a las 9:30 iré a la playa, a la cala de los millonetis -antes de que la invadan- y me bañaré sola. Luego, cuando empiece a venir gente me iré a la piscina y me tumbaré hasta que suban todos. Entonces me iré a casa a ducharme. No tengo ganas de ver a nadie. Por la tarde, después de comer, con el café, escribiré algo o leeré. A las siete y media, o a las ocho, iré a la playa grande y escucharé música. Ojalá haga todas estas cosas. Y después, cuando ya hayan pasado dos semanas, nos iremos juntas.

Me he imaginado en la casa del fin del mundo. Las cortinas blancas. Fuera hay una mesa de madera y dos sillas viejas. Como aquella que pinté.
Acabo de descubrir qué pintaba. Qué era lo que yo pintaba. Era la mesa de la casa! El mantel se fue volando como en la canción!

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