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no dejes de tocar





Querido E.B,

Te mando un cigarrillo en el sobre para que puedas fumar. Tal vez te llegue un poco aplastado -a saber que es lo que les sucede a las cartas una vez las dejas en el buzón-
¿Estás mejor de lo de Teresa? no puedes estar eternamente pesando en ella. Tú sabes como todos los guapos que sonreír no es sexy, pero si sigues lanzando sillas por las escaleras voy a dejar de enviarte cigarrillos. El otro día nos acordamos de ti en la sección de sillas del Ikea. ¡Tiene gracia! Fuimos a comprar una mesa para la terraza y la estrenamos esa misma noche. Parecía que estábamos en Hawaii, eso dijo Sofía. ¿Sabes que el camión de la basura pasa hasta 3 veces por nuestra calle? Esa es una de las cosas importantes. La otra cosa importante es que el viernes estuvimos en un concierto que nos encantó. Era en el patio de una casa de 1904. Un lugar muy acogedor, con una fuente de piedra y un fresco sobre las cuatro estaciones, como tu pizza preferida. Nos sentamos en unas sillitas casi en primera fila y todo era como un sueño. La noche, la temperatura, la cerveza, la cara de los músicos mientras tocaban, las canciones napolitanas y Pietra que se secó el sudor con una toalla amarilla y se la dejó encima de los hombros como los boxeadores. Para que te hagas una idea, Pietra Montecorvino es como Pj Harvey pero en italiano y cantando Oh Sole Mio. Otra fórmula es sumar Maria del Mar Bonet + Patti Smith. ¿ya?
El público era un poco aburrido, eso sí. Apenas éramos 50 personas, el patio no daba para más. Había una adolescente con pantalones de hilo, un niño con gafas, tres chicas entre rubias y castañas, un chico -estaba sentado a mi lado- que tenía pinta de cartero, cuatro o cinco abuelitas y un montón de parejas de cincuentones de los que siguen la agenda cultural a rajatabla. En la primera fila, una mujer daba palmadas siguiendo la canción, pero nadie la acompañaba, ya sabes, esa situación tan incómoda, cuando tus manos son las únicas que siguen el ritmo. Pero lo hacía con rabia y tesón, como si le fuera la vida en ello. Creo, sinceramente, que todo aquello de las palmas era una venganza personal de la mujer hacia el marido, que estaba a su lado con los brazos cruzados como si el concierto no fuera con él. O como si su mujer no fuera con él, no sé.
Ewan, aún no he aprendido a puntuar como es debido, ya sabes, ni una ”coma” en su sitio. Leyendo el primer capítulo de mi novela me quedo sin aire en el primer párrafo. ¿Crees en las apneas literarias?
Aunque me parezca la expresión más triste del planeta, cuidate, y no dejes de tocar el piano.

Paola V.

p.d. es un nobel, es que no quedaba camel. sorry


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