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Aún puedo estar un par de días más sin felicitar la Navidad

Ayer eran las 10. Hacía tiempo que no me despertaba tan tarde en mi cama. Estoy de vacaciones.

Subí al estudio y le di al botón de las persianas. Las persianas se enrollaban y el sol entraba por las ventanas. Un sol magnífico, un sol como pocos soles. Un sol de los que iluminan la cara. Un sol para arrancar cualquier milésima de oscuridad. No recordaba lo bonita que era mi antigua habitación con sol.

Aproveché que todo parecía más acorde y mejor para grabar una canción que espero terminar antes de que acabe el año, porque quiere ser un villancico, o porque es un villancico. Porque quiere salir ya pronto de casa y ser escuchada.

Uno de mis sueños absurdos de bloguera -aparte de tener un blog completamente blanco- es pasarme la nochebuena escribiendo y hacer un post de 10 pantallas, pero la verdad es que lo voy a dejar para otro año porque me caigo de sueño: el vino, la cena, la pandereta, el turrón... demasiado.

Hoy voy a dormir en mi cama de adolescente porque mis abuelos han invadido mi cama de mayor.


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