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I love me piro vampiro

He aprovechado la mañana para ir a ver a mi abuela. He pasado por donde vivía Elena, Sílvia, Laura, el hijo de la de gimnasia, etc. Los del cole. Precisamente, con el hijo de la de gimnasia jugábamos a bailar como Michael Jakson con un sombrero y unos guantes blancos de su madre. Era el típico niño que sólo jugaba con niñas. Era mi amigo. Me sorprendía que el hijo de la de gimnasia, que era una borde acabada, fuera tan sensible.

El portal de mi abuela sigue intacto y el ascensor también. Me quedé encerrada una vez. Durante aquellos 10 minutos terroríficos pude oler lo que estaban cocinando cada una de las vecinas del edificio. Qué fascinantes los patios de luces, con todas esas pinzas de colores olvidadas para siempre y calcetines huérfanos.

He abierto el cajón de las galletas y las madalenas. Parece ser que mi abuela ya no los guarda allí, hoy sólo he encontrado bolsas de supermercado vacías. No le he preguntado por qué ya no hay dulces.

Sentadas en las sillas del balcón, hemos visto pasar autobuses rojos y mucha gente en pantalón corto.

- Qué animada está la calle, yaya.

- Ya lo digo yo, esta calle es fabulosa.



Ahora sí, me piro vampiro.






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