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Voy de aquí para allá






Hace tres años, seis meses y algunos días, me desabroché un botón de la blusa sin que me vieras, luego volví a la mesa como si nada. Mi arma de seducción se basaba en aquella ecuación tan simple de las carretas. Tres años, seis meses y algunos días después, me dices que me vaya a vivir contigo. Yo digo que sí.

Yo digo que estos son los mejores veranos desde aquellos de los doce años. Porque algunas protagonistas de aquellos veranos ya tienen niños y todo empieza a cambiar. Ahora ya corretean otros por la playa. De niñas, nos llevábamos al perro, lo sosteníamos en los brazos y le dábamos pipas recién peladas por nosotras. Y le adornábamos el hocico con pulseras que también hacíamos nosotras. Y le cantábamos canciones hechas por nosotras.

Cuando hoy me he despedido de "I", hasta la semana que viene, y le he preguntado si ya dormía el niño y ha puesto cara de que no, de que éste no se duerme nunca, ella me ha lanzado un beso con la mano desde la ventana. Ha sido un gesto calcado al de aquellos veranos de los doce años. Con cachorros hambrientos de pipas, pero sin bebés que alimentar.

Nos falta la lavadora.

Yo nunca me he ido a vivir con nadie así, por amor. Nuestras llaves abrirán la misma puerta y esas cosas.

El piano lo traeré dentro de un año, será más práctico.

Por cierto, el Hotel Melancoisla ya está funcionando, pronto no quedarán habitaciones.

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