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El día que me lié a patadas

"Crónica de una mentira" es una película francesa que habla sobre un farsante, pero también sobre la necesidad que sentimos, a veces, de ser engañados. Creo que para muchas personas la mentira es un comodín diario, tanto para los que las dicen como para los que se las creen. Que hay gente que vive engañada y es feliz, es obvio. En ocasiones, ilusionarse es engañarse. Te haces un traje a medida y te queda como un guante. La mentira, puede ser, perfectamente, una huída en coche a toda velocidad.

Esta mañana le contaba a Carol, mientras desayunábamos, que de pequeña una vez me escapé del comedor del colegio y pasé el mediodía dando vueltas por ahí. Pensé que nadie se iba a dar cuenta, de hecho, metí una trola enorme y dije que ese día no me quedaba a comer. Cuando salí de clase y pisé la calle sentí la libertad. Luego no sabía dónde ir y tenía hambre. Me fui a la bodega y me compré un bollycao. En la bodega vendían vino y chucherías. La llevaba un hombre mayor con bigote blanco y tenía un mostrador de madera. Mi madre se enteró y me hizo comprender que no me podía ir por ahí sola con 9 años. Ese día le pegué a unos niños que se solían meter con todo el mundo. Nos enzarzamos en una discusión y nos pegamos. Yo solía defender siempre a una compañera que iba en silla de ruedas y con la que hice amistad en el patio. La defendí porque me parecía injusto que esos niños de sexto la insultaran. Las patadas solían darme miedo porque sabía que eran letales: si las dabas, recibías fijo una venganza. Pero no fue así. Se fueron los tres corriendo. Supongo que no se esperaban mi reacción... pero es que claro, yo ese día conducía un coche robado y estaba dispuesta a todo.

Comentarios

  1. Siempre me fascinas...

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  2. Yo también me escapaba del colegio, de la clase de gimnásia, que la odiaba, y al proferor más. Mientras los compañeros daban vueltas al patio corriendo, una amiga y yo nos fugabamos por el callejón y saliamos a dar vueltas por Cuenca. Es verdad que tienes una sensación de libertad total que nunca vuelves a sentir. Además está el reto de que no te descubran. Supongo que es la idea de ser adulto y tener el control de la situación. Luego te haces adulto y te das cuenta de que las situaciones son incontrolables y la libertad tiene unas cuantas limitaciones. Qué pena hacerse adulto, verdad?

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  3. La imagen del bollycao es muy muy western: te imagino chiquitilla pidiendo tu bollycao cual vaquero pidiendo un vaso de whisky.

    La sensación de escapar es maravillosa. Yo recuerdo el día que me salté la clase de latín para ir al estreno de El club de los poetas muertos. Y no te digo más.

    Aprovechemos el tiempo que queda hasta el 21, como bien nos ha recordado Marta :)

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