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Conexiones





Últimamente pienso mucho en las conexiones que hay entre las cosas que nos pasan, las personas a las que conocemos y las historias que se van interconectando. En la piscina de Williamsburg tuve esa visión: todas las piscinas se conectan, y al nadar, no llegas al otro extremo de tu carril, llegas a otra piscina, y si fuéramos capaces de dejar a un lado el espacio-tiempo, nos daríamos cuenta de ello. Creo que a veces soy extremedamente lúcida y otras extremadamente poco racional. Quisiera conseguir dominar esa última parte porque puede que no me haga evolucionar. Aunque a veces creo que esas sensaciones tan al límite son similares a cuando haces ejercicios de elasticidad, hay un momento en el que no puedes más, hasta que alguien pone su mano en tu espalda y hace que toques con la nariz en el suelo. No voy a seguir por ahí porque yo estaba hablando de las conexiones. Que algo esté conectado no quiere decir que sea para bien. Puede ser para mal, pero siempre hay un segundo estadio, una segunda conexión que te lleva a otra parte.

Hace once años mi madre empezó a encontrarse mal y le diagnosticaron estrés. Más tarde, como seguía encontrándose mal le hicieron unas pruebas médicas y le detectaron varios tumores en el colon. Uno de ellos era maligno. El médico que se los detectó, de iniciales A.C.,  hizo un informe con las medidas de cada tumor y la localización exacta de cada uno. Los pequeños se los pudieron estirpar con láser pero el más grande lo tenían que cortar. El día de la operación mi madre salió del quirófano a la hora y media de entrar. Eso no era una buena señal. El cirujano nos explicó que había habido un fallo en las mediciones. Que el tumor no estaba dónde el médico A.C. había escrito en el informe. La nueva locaclización, la real, era muchísimo peor ya que complicaba  la situación haciéndola casi irreversible. Así que mi madre podría haberse ahorrado una operación si A.C. no se hubiera equivocado. Pero bueno, después de aquella hubieron cuatro más en menos de dos años, incluyendo una colostomia y una posterior anastomosis después de ocho meses.

 Durante ochos meses yo dejé de trabajar para estar con mi madre y llevarla al hospital, ya que la colostomia, durante las primeras semanas le daba muchos problemas y necesitaba curas diarias. También la llevaba a radioterapia y luego a quimioterapia. Recuerdo que gracias a aquel ir y venir yo aprendí a conducir y a esquivar los atascos de Barcelona como una auténtica taxista. Hasta entonces conducía pero no tanto. A pesar de que la situación era delicada, recuerdo estar tranquila y muy volcada en mi madre  porque sólo tenía un pensamiento: que se curara. No me importaba nada más en el mundo. Fui muy racional. A mí sólo me pierde el amor porque creo que depende al 100% de mí. Error. Y cuando no funciona me lo tomo como algo absolutamente personal y pienso que es por mi culpa. Pero no estaba hablando de esto.  Recuerdo estar en la quimio con mi madre, sentada a su lado mientras le entraba la química por la vena, riéndonos muchísimo de cualquier cosa porque nuestras prioridades habían cambiado.

 Pasaron tres años, más o menos, y mi madre se encontraba bastante bien ya. Mi amigo Ike estaba en Barcelona de visita. Yo salía con una chica francesa, con la cual no llegué a tener una relación demasiado profunda, pero estuvo bien. Aquella noche nos acompañó al cine a Ike y a mí y vimos 2046 de Wong Kar Wai. Salimos de los Verdi alucinando, nos había encantado. Llegué a casa a eso de las doce pasadas, casi a la una y me acosté. Lo siguienté que recuerdo es que sonó el teléfono y que era mi madre: a mi padre le había dado un infarto y se hallaba en un estado muy grave, de muerte por necesidad. Esa expresión empleaba el médico. Así que estuvimos esperando a que mi padre muriera una semana y tres días. Al cuarto día, el médico dijo que si no moría, quedaría en estado vegetal, así  que era mejor la muerte. Un buen día mi padre empezó a reaccionar bien a los medicamentos y unos 20 días después salía del hospital. Tiene un 33% de corazón y toma 15 pastillas al día, pero lleva vida normal. El doctor nos dijo que a mi padre lo había salvado haberlo llevado tan rápido a urgencias (mi madre ni me despertó aquella madrugada en la que yo dormía plácidamente después de ver la película de Wong Kar Wai) y que sobre todo había sido absolutamente decisiva la acción del médico de urgencias del hospital que lo había entubado. Aquel médico de urgencias era A.C., el médico que tres años antes, en un hospital diferente, había errado midiendo los tumores de mi madre.

Hay algunas conexiones que no sabes muy bien cómo interpretar, pero en otros casos está claro que son como un milagro.

Es verano y no es el mejor para mí porque echo de menos un lugar, una isla azul que tiene el color de unos ojos. Tal vez no sea un verano fantastic rice ni fantastic girl para mí, como dice la canción de la cerveza que siempre me salta las lágrimas porque me recuerda a otra canción del verano con la que sí fui feliz, pero nunca sabes cuando llegará la conexión fantástica ni el verdadero sentido de estar en el lugar X a la hora B y en el día D.

Comentarios

  1. Es como el día que llegué a tu blog. No lo esperaba, y me tus palabras me han acompañado por años. Para mi resultó una conexión fantástica sin lugar a dudas.

    Abrazo.

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    1. Te debo algo Anabel, no me olvido, mándame un mailcon la frase. paolavaggio@gmail.com
      Abrazo! y gracias.

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  2. Suscribo a Anabel. ¡Me gusta tantísimo leerte!Gracias por compartir!

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  3. Suscribo a Anabel. ¡Me gusta tantísimo leerte!Gracias por compartir!

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  4. me ha encantado este post.
    además me ha recordado tanto a la leyenda japonesa del hilo rojo que ahora está de moda por la serie Touch... y esa leyenda es maravillosa.
    besos aviadora

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  5. Devuelvo visita. Empiezo a leerte. Me falta tiempo y lo dejo aqui, el comment, impresionada por la conexión...

    Un beso y una burbuja.

    Sparkling

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