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post 1044: puerta de emergencia



Estaba en casa buscando una puerta de emergencia, porque en algunos momentos mi mente y mi corazón se mete en callejones sin salida. Es entonces cuando, y esto lo he aprendido este verano, tengo que irme a la calle porque necesito distraer mis demonios cuando se vuelven severos y egoístas. 

Me he colgado la toalla a la espalda y he metido en la bolsa un cómic que me regalaron a finales de junio y que aún no había leído. Supongo que esperando el momento. Y era hoy. Como en los videojuegos, he vuelto a encontrar el "objeto" que me ayudaba a pasar a la siguiente pantalla sin perder todas las vidas. 

Me he ido a la cala cabizbaja (hoy tocaba día de rayarse, esto es así) escuchando música hip hop, que no me hace pensar. Ya situada en un buen sitio, cerca de la orilla, he empezado a leerlo con calma, sin esperar demasiado, no porque no confiara en su calidad, en realidad no confiaba en mis ganas de encontrar la puerta de emergencia. 

He hecho un receso cuando la historia empezaba a atraparme y me ido nadando hasta una cueva a la que nunca me había atrevido a ir sola  porque está lejos y siempre me había dado miedo, pero mi instinto de protección hoy estaba dormido y me he ido de cabeza. Cuando he llegado, me he quedado en silencio escuchando el mar golpear contra las paredes de la roca. Ha sido un momento de mucha soledad, hasta que me he asustado de estar allí tan sola, y he decidido volver a la playa. La vuelta ha sido difícil. Volver es más complicado que ir, y es otra de las lecciones de este verano. Me faltaban las fuerzas, creo que el instinto de aventura, de no saber, te da energía, pero cuando ya vuelves, y todo ha acabado, el sueño de la cueva, los brazos se duermen. Me he puesto un poco nerviosa, he empezado a pensar que si me pasaba algo y me hundía nadie se iba a enterar. Nadie me iba a echar de menos en la playa. Nadie. He notado que el corazón se me aceleraba y que aún faltaba mucho para llegar, pero no quería parar, me daba miedo. Y poco a poco he ido acercándome, hasta que he tocado al suelo. Ha sido un alivio enorme. Ha sido como aterrizar. Ya no me voy más a la cueva. O sí!

He seguido leyendo el cómic. Estaba totalmente dentro de la historia y he pensado que era necesario acabarla con una cerveza y un piti. Así que he recogido mis bártulos y me he ido a otra playa más grande, a la del chiringuito del motero. He llegado al chiringuito y el desconocido motero me ha puesto  cerveza y luego otra gratis. Allí he acabado el cómic, justo cuando ya se ponía el sol a las 20:30. La última viñeta era el mar. 

Hoy hemos hablado mucho más, pero de un modo muy natural y espontáneo. Hemos tenido una charla de esas que salen en las películas entre cliente y camarero, pero no era una película, era real. Me ha preguntado cómo me iba la vida. A preguntas así, o dices bien, o te pierdes. Le he dicho que bien. Me ha contado que era de Córdoba, y le he dicho que no le pegaba nada, que tenía cara de ser de Wisconsin. Una parida que se me ha ocurrido en el momento. A lo que me ha contestado: no eres la primera persona que me lo dice. Me ha dicho que en septiembre se volvía con su familia y sus amigos, que él no era un nómada en realidad. Que lo primero que hacía cuando llegaba a su casa era dejar la maleta e irse a un bar a comer ensaladilla rusa. Que era la mejor ensaladilla que había probado jamás. Qué pasión, el tío. Me he reído mucho con eso. Necesitaba reírme mucho con cualquier chorrada. Que en su casa, cuando se juntaban todos eran 32, y que en la mesa no cabía ni una pulga. (Lo de la pulga me ha enternecido porque me he imaginado a una pulguilla sentada con el tenedor y el cuchillo en alto esperando su plato.) Yo le he contado algunas cosas, pero no tan familiares. Sobre los alquileres en Barcelona, el trabajo, las vacaciones, etc. Me ha enseñado una cicatriz que tenía en el brazo y me ha hablado sobre un accidente que tuvo hace tiempo y que le cambió la vida. La verdad es que era una conversación interesante. Yo le he preguntado qué moto tenía y me ha enseñado una foto que llevaba en el móvil. Era una harley muy bonita. Por un momento me he sentido un poco Lana del Rey en el videoclip de Ride. Se ha quitado las gafas de sol y tenía unos ojos muy azules y brillantes. En fin, me he ido porque ya había pasado una hora y he creído conveniente marcharme, que nos estábamos riendo mucho, y no sé, no quería dar pie a una confusión muy gorda y tonta... aunque no lo creo, en realidad era todo simpatía y nada más.

He vuelto a casa pensando que había conseguido lo que buscaba, que era espantar demonios y pasar a otra pantalla. Hay que buscarse la vida, aunque a veces se haga un poco cuesta arriba.

Comentarios

  1. Vence tus miedos. Cada miedo es un deseo que se camufla.

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