Próxima parada, adolescencia 3

He vuelto del gimnasio tan emocionada que al llegar me he comido un trozo de chorizo que me trajo mi padre de su pueblo, ups,  y  un trozo de salchichón (!!) Pero no me siento mal. He perdido mucha anergía bailando como en los videoclips y mi cuerpo lo necesitaba.

Me gustan estos martes huracanados en los que el viento se quiere llevar todo lo que está medio suelto y sólo permanece lo que verdaderamente está bien agarrado. Este año me encantan los martes.

Desde la semana pasada he vuelto a escuchar Sleater Kinney, como en el 2003. El año 2003 fue como una adolescencia 2 para mí porque me cambié de acera y todo era nuevo y refrescante. Estoy a la espera de mi adolescencia 3, pero sin dejar la acera en la que estoy. Aunque me noto que llevo el freno de mano puesto todo el rato y que necesito que sea así. Y es curioso porque, al recordar esa época, me he dado cuenta de que tenía muchos sueños que he podido cumplir. Nos encantaba cómo tocaba Carrie Brownstein la guitarra y su rollo, que nos parecía muy guay. A mí, personalmente, me gustaba mucho lo que hacía con las piernas. Me acordé de Sleater Kinney viendo un  capítulo de Portlandia en Yomvi, con el que me estuve riendo mucho porque juega con ese humor absurdo que me gusta (los papeles del pollo) y me acordé de cuando con L hacíamos "Las Gilipollas", que eran nuestros alter egos en gilipollas. Por ejemplo, las gilipollas se pasaban toda la noche haciendo croquetas y empalmaban al día siguiente e iban a trabajar como con resaca, pero de hacer croquetas. Así, en frío, no hace gracia. 






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