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Esto no es llegar y besar el santo

Qué feliz acabo el día después de bailar. Hoy ya hemos hecho la clase con luz natural, la que entraba por los ventanales. Creo que es incluso más guapa a la luz natural. Una amiga me ha dicho que tampoco es para tanto. Un mechón de pelo ondulado se le salía de la coleta. Qué importante me parece ese leve movimiento del universo. Hoy me he puesto justo detrás de ella, un poco a la izquierda, y en el espejo nuestros cuerpos se movían a la vez, totalmente acompasados. Era muy sensual. He estado tan cerca que podía olerla. Sentía como un imán, como la luna con las mareas. ¿Será atracción? He acabado la clase empapada en sudor. Luego he estado en la sauna con una compañera del gimnasio y nos hemos contado un poco la vida a susurros como en las termas romanas. Como nadie me espera en casa, voy con la calma. Las vidas a susurros en las saunas son más interesantes.

Vuelvo a tener esa sensación de que lo siguiente que sucederá será extraordinario, por lo menos en este instante, pero no puedo bajar la guardia. Debo calmarme un poco. Después de tantos altibajos, los destellos de alegría me ponen por las nubes y subo, subo y subo. Y luego a ver cómo bajo, a hostias.

Hoy he vuelto a despertarme a las cinco y otra vez me he quedado sola en mi cama con algunos recuerdos. Me mata tener esta memoria que registra timbres de voz, palabras exactas, movimientos. Esto no es llegar y besar el santo.

Comentarios

  1. Hola, llegué acá por el blog de Síndrome coleccionista.
    Entiendo lo que es repetir escenas mentalmente.
    Hacer ejercicio es muy sanador, me encanta andar en bici pero en mi vida pisé un gimnasio. Con la frase: el monitor de spinning es muy buen narrador y te monta la historia aburrida de un modo interesante, me dieron ganas de conocerlo, jaja!
    Saludos!

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  2. Gracias Bel, por pasarte pro aquí y leer el post. La gracia de todo no está en la historia en sí, si no en cómo se cuenta. Un saludo

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